Declaración Aclaratoria de Cambiarte la Arenita relacionada con "Una Mierda de Artista"

Declaración Aclaratoria

Debido a la generosa cantidad de correos privados insultantes enviados por gente y artistas ofendidos, el autor de “Una mierda de artista” considera necesaria la siguiente aclaración, que es a la vez la culminación de un proceso iniciado desde la publicación de la entrada mencionada. “Una mierda de artista” es una pieza arte que explora la posición reflexiva del arte consigo mismo a través del estudio de las reacciones postraumáticas de los artistas ante la sátira ofensiva contra el arte y contra ellos mismos. A través de este mecanismo creativo he pretendido traer a la conciencia, en un contexto artístico virtual, la afirmación crítica del arte consigo mismo. Este mecanismo recuerda un poco la doble negación lógica (una ofensa y otra ofensa simétrica se anulan). Pero al contextualizarlo en la obra de Hegel pretendemos elevarnos más allá de la positividad encontrada en esa doble negación simple y elevarnos a un grado cuantitativo superior de reflexión sobre el arte. En efecto, es a través de este proceso de negaciones sucesivas que pretendemos hegelianamente reencontrarnos con el arte y su posición en nuestra vida. Así, la elección cuidadosa de los insultos y ofensas en la entrada respondía a un interés estético que motivaba la obra.

Agradecemos a todos los que con sus reacciones sirvieron a alimentar esta manifestación artística y se integraron de esta manera a mi obra de arte. Críticos y académicos interesados en hacer ensayos sobre la obra escribir a khelicerata@yahoo.es.

Latrodectus Sapiens

Artista

Una Mierda de Artista

Recetas concretas para tres Obras de Arte

Receta para la obra artística A: Coja un perro de la calle, amárrelo a una cuerda en una galería de arte, tómele unas fotos, haga correr el chisme que la obra de arte fue dejar morir al perro de hambre y deje que los medios de comunicación hagan el resto. Después diga que la obra de arte no fue propiamente hablando la instalación con el perro, sino toda la barahunda de críticas y cartas ofensivas que usted recibió, y que el asunto era mostrar la hipocresía de la gente, cuando ve a un perro moribundo por la calle, no hace nada. Pero que sólo falta que lo coloquen en una galería para que todo el mundo llore, maldiga y se arranque las vestiduras. El perro nunca murió realmente. Autor: Guillermo Habacuc Vargas.

Receta para la obra artística B: desnúdese con su pareja, se colocan de frente uno del otro a lados opuestos de la entrada de un edificio concurrido o galería de arte. Dejen sólo un pasaje estrecho para que los idiotas obligados a entrar o salir pasen de lado. Las personas deben elegir a quien le restriegan el culo: si a él haciendo que las tetas de ella rocen su pecho. O a ella, enfrentándose con el pipí del otro. Después (o antes) diga que todo es un performance que explora “las relaciones interpersonales derivadas de la diferenciación sexual en las sociedades modernas”. Haga que numerosos críticos escriban ensayos profundos sobre el sentido de la obra. Colóquele un título muy académico para motivarlos (Imponderabilia, por ejemplo). Autores: Marina y Ulay Abramovic.

Receta para la obra artística C: dispóngase en serio a cagar con un fervor sistemático. No lo haga en el inodoro, sino en un sitio donde usted pueda controlar el destino de la sufrida. Tome toda la mierda resultante y envásela en varios frascos, como atún enlatado. Firme las latas con su nombre y véndalas gramo por gramo a precio de oro. Justifique todo como la manifestación de la ruptura del límite entre la obra de arte y el cuerpo del artista, o como una manera autofóbica de crítica al propio arte contemporáneo. Hágase famoso (más famoso). Autor: Piero Manzoni… Italiano, tenía que ser.



10 Consejos Generales para el Artista Contemporáneo

1) Obviamente ninguna receta para hacer una obra de arte particular funciona si usted ya no es previamente un artista. Usted debe haber estudiado arte por lo menos, o ser famoso por algo. La gente que no es nada de eso no es que no pueda, sino que debe esforzarse más.

2) Es de importancia radical que todos sus trabajos estén acompañados de una justificación conceptual profunda que ojalá se conecte con aspectos esenciales, crueles, injustos, horribles o simplemente poco normales de su biografía personal o de la sociedad en que usted vive.

3) Usted está en búsqueda de algo, explorando algo, considerando algo, criticando algo, denunciando algo, sufriendo algo. Entre más palabras complejas y sinuosas usted utilice para describir ese algo, pues mejor. Si usted, para dar un ejemplo muy básico, hace una serie de esculturas de penes de colores (estilo Warhol), entonces realmente usted no esculpe penes de colores, usted lo que hace es "explorar el tema de lo masculino".

4) Este es un recurso maravilloso: saque las cosas de contexto, es decir, simplemente coja cualquier objeto cotidiano o fantochada y póngala en la sala de un museo o en cualquier otro espacio donde generalmente usted no espere verla. Hay que aprender del maestro Duchamp. Obviamente que si la gente ve una horrible y triste realidad cotidiana en la sala de un museo o un objeto muy cotidiano como unas toallas higiénicas usadas bien sanguinolentas encima de un platico con florecitas en la Sala Principal de la Bienal de San Patricio eso generará polémica, rechazo e interés de los académicos de variopintas áreas. (un grupo de alemanes vestidos de Ku Klux Klan caminando por las calles de un barrio de negros en el corazón de New York puede ser una jodida obra de arte). En pocas palabras, la gente hablará de usted. El éxito está garantizado. Tenga fe en los críticos.

5) Acompañe toda descripción de lo que hace con palabras que demuestren el poder artístico de su obra. Palabras como: “creativa”, “simbólica”, “deconstructora”, “exploratoria” son eficaces pues con únicamente con oírlas uno ya cree que se encuentra en frente de algo importante desde el punto de vista estético. En el límite usted hasta puede crear un movimiento artístico nuevo fácilmente. Al fin y al cabo si hay algo que sobra en este mundo son ideas estúpidas.

6) Sepa que lo que importa no siempre es lo que usted pone en la obra, sino que muchas veces lo más importante será lo que no se encuentra en la obra. De esta manera, siempre puede apelar al resto del universo físico e ideacional (a ese macroconjunto complementario de la obra) para encontrar más significados a su obra y contrarefutar a los que la critican o a los que ven en lo que usted hace una tontería. De hecho, si lleva esta idea al límite, su obra de arte no sería lo que usted pone en una instalación (puede incluso ser un espacio vacío), sino el resto del universo. Esto incluye lo siguiente: que cualquier reacción (es mejor decir "efecto post traumático") que la gente pueda tener, después de contemplar su obra, es parte de la obra (sea una reacción buena, mala, de escándalo, de indiferencia). Pueden suceder varias cosas. Por ejemplo, si usted pudo predecir la reacción, eso muestra su genialidad y confirma sus sospechas estéticas. Si por el otro lado la reacción es imprevista, entonces eso muestra que su obra es tan creativa y autónoma que ni usted la puede controlar. Si la gente se escandaliza y dice que lo suyo no es arte, entonces diga que su obra de arte consistió precisamente en "explorar los límites de lo artístico"... Siempre funciona. No importa qué suceda, usted siempre gana.

7) Insistimos en que obviamente todo debe ir acompañado con argumentos bien complejos. Haga uso de cualquier concepto filosófico, económico, religioso, histórico, político, antropológico que pueda encontrar. Ahora bien, lo importante no es que la obra sea la manifestación de un concepto o una idea, sino que se encuentre en los límites de dos conceptos o ideas en conflicto (puede que el único conflicto entre los dos sea la propia obra, da igual). Eso le dará a la obra una tridimensionalidad conceptual y un dinamismo crítico innegable. Lea mucho, o mejor, deje que los críticos lean por usted, dedíquese únicamente a hacer (o a no hacer) y guarde silencio.

8) Usted en el fondo sabe que todo lo que hace es una basura o sea que un poco de ironía sobre su propia obra ayuda cantidades, pues lo cubre a usted de un halo intelectual de sinceridad artística que lo hará más auténtico.

9) Cualquier idea estrafalaria, puerca, escandalosa, ridícula, polémica, antisocial que usted pueda realizar con su propio cuerpo es una obra de arte, un "performance". O si hace alguna cosa vándala y destructora sobre un lugar u objeto público entonces es una "intervención". El único requisito es que se encuentre la obra acompañada de dos párrafos bien poéticos o profundos que la describan, escritos por usted o por sus críticos (de nuevo muchas veces lo mejor es dejar que los otros interpreten lo que uno hace: los críticos y los profesores son los que mandan).

10) Sea valiente. A muchos se le ocurren estupideces, sea porque son bobos, o porque son enfermos mentales o porque simplemente se lo proponen, pero sólo pocos tienen el valor de exponerse a sí mismos (por convicción artística o por un afán pragmático, da igual) y correr con el riesgo de ganar fama, prestigio y dinero, o ser olvidados para siempre. No lo dude con esa idea heterodoxa, el éxito lo dirá. Lo importante es que se le ocurra a usted primero y que sea capaz de circunscribir un momento, un lugar y unas condiciones bien precisas para que su burrada se transforme en obra de arte. De todas formas, si fracasa, siempre puede escudarse usted en que es un artista incomprendido. Recordemos a Nerón y sus pantomimas mortales.

Reflexión

Cuando una amiga me contó lo de Imponderabilia (obra artística B), me preguntó - ¿de qué lado pasarías?, ¿de frente a la mujer o de frente al hombre? - Le espeté enojado con actitud wittgensteniana que las preguntas idiotas o sinsentido no tienen respuesta y que me dejara de preguntar payasadas. En seguida supe que mi respuesta no era contundente, era una respuesta mala, idiota y le seguía el macabro juego al asunto…

- ¿De qué lado pasaría usted? -

Lo del perro de Habacuc es otra cosa más patética aún. Me llegaron las fotos del perrito y me escandalicé, me horroricé, casi parto la pantalla del computador de la ira, después me entero que todo era un montaje y hasta aparecieron cartas de la galería y de los jurados de la exposición certificando que todo fue un engaño mediático, y que la obra de arte fue precisamente el show desesperado armado por todos, incluyéndome que le mandé un correo lleno de rabia a mis amigos. Resultó entonces que nada fue real, el perro nunca murió.

Pero… ¿Cómo diablos sabe uno qué es lo real y qué es lo ficticio? Sinceramente uno no sabe. Todo puede ser un montaje, incluso la declaración de los jurados y de la galería (sobre lo del perro) podría ser un montaje para encubrir el hecho de que el perro realmente murió (según lo que yo puedo saber, puede que la galería ni exista). No estoy diciendo que sea así, solo apunto al hecho de que podría ser así. Que la gente crea en los medios es una realidad inevitable, algo que no proviene de la maldad capitalista de los tiempos modernos, sino que es fruto de una constante de nuestra naturaleza humana. Esa inocente pasividad del humano frente a lo que escucha sólo la cura la ironía y muchas veces la indiferencia, y aún así con años de aquello es imposible distinguir la realidad de la mentira, porque no hay punto de referencia con qué distinguirlas (no nos molestemos en refutar al que piense que existe tal punto de referencia).

Habacuc nos engañó a los sensibles utilizando los medios de comunicación. Muy bien, acepto mi inocencia sobre el asunto y la de mucha gente. Armó una estrategia inmensa para mostrar de lo que son capaces unas cámaras, dos pronunciamientos enigmáticos suyos sobre el destino del perro, y lo que él llama la hipocresía de la gente que sólo se preocupa por un perro flaco cuando lo ve en una sala de exposición amarrado inocentemente.

Pero, también hay que ver que se pueden encontrar muchos activistas que protegen los derechos de los animales a capa y espada, a corazón y hierro, y que son capaces de rescatar pollos de las granjas y vacas de mataderos. Así como gente que rescata perros de morir hambrientos y solos. Tengo una amiga que le dicen loca porque llora cuando ve un perro flaco por la calle y se lo quiere llevar a su casa, y que ya no puede tener más perros porque no tiene ni dinero ni espacio suficiente para más. A esos, a esos que no son hipócritas sino almas sensibles y decididas, también los embaucó, y allí no veo moral alguna que justifique la porquería de Habacuc, sino triste engaño y manipulación de sentimientos.

A fin de cuentas, no veo qué pueda decirse sobre el valor artístico de amarrar un perro huesudo, tomarle fotos y rajar de la ingenuidad e indiferencia del prójimo. Yo allí no veo obra de arte alguna. Pura bobada.

Mi amigo M me decía, al contarle la idiotez de Imponderabilia, que él si sabía cómo pasar por entre esos dos pendejos: pasaría de frente, no de lado, los empujaría y los haría caer si fuera necesario, por estorbar el jodido paso. Esta actitud sincera, proba y recta es una muestra de cómo hay que tratar ese tipo de arte. Lástima no haber tenido yo esa intuición tranquila cuando me preguntaron.

Sobre coger un tarrito y meter en él una mierda de artista no creo que haya que decir mucho, con recordar el asunto es suficiente.

Aquí es donde se supone que comienzo a rajar con sorna y grosería desmedida del arte contemporáneo, del arte conceptual, de los performances y toda esa carajada, pero no. Ya que no soy experto no tengo argumentos, así que me callo. No tengo ni idea qué es arte o qué es artístico, no pretendo saberlo, no me interesa, estoy desinformado y soy un ignorante, y  lo más probable es que también ignore qué tan ignorante soy.

Pero tengo derecho a expresar lo que, por mi propia cuenta, considero como arte.

Aclaro, no tengo una definición de lo que es una obra de arte, no creo que sea posible definir qué es el arte en general. Pero tengo un criterio (imperfecto) para decidir automáticamente, instintivamente, frente a algo que se me presente, si es una obra de arte o no. De nuevo me resguardo en las palabras de la autoridad:

La autentica obra de arte es aquella de la cual podemos decir sin error, antes de verla, que su existencia es imposible”.

Interpreto esto así: la obra de arte es un milagro hecho carne, una explosión de asombro que nos permite vislumbrar algo sorprendente. La obra de arte debe destruirnos, partirnos en pedazos. Ella nos alimenta hasta la gula o nos reduce en un segundo a la miseria. La obra de arte es irracional, oscura o luminosa, pero no tenue. Ella es un choque eléctrico en el cuerpo o en la mente. Una obra de arte nos deja atormentados, al borde de la locura, violentos, angustiados. Aquí no valen sentimientos mediocres. Sin sangre, terror, llanto o asombro no hay arte, la belleza no es suficiente… La obra de arte lo es porque antes de ella su existencia era imposible para nosotros, y ahora la vemos, y sigue siendo imposible, pero la vemos, la oímos, la tocamos, esa increíble contradicción nos parte, nos doblega, y caemos de rodillas. El universo por definición ya no es el mismo: o estamos más solos o somos parte de algo nuevo.

Una lista de obras de arte: el primer movimiento de la 5ta de Beethovenn (interpretado por Karajan/Berlín), el jardín de las delicias de El Bosco, el Tractatus Logico Philosophicus de Wittgenstein, algunas de las litografías de M. C. Escher, un tiburón, una medusa, el cuerpo de una mujer, una escolopendra, un agujero negro, el sistema de las tres críticas de Kant, la explosión de una bomba de hidrógeno…

Ahora bien, ¿este criterio va en contra del llamado arte contemporáneo (performances, happenings, arte conceptual y similares)? No. El problema de este tipo de arte no es su justificación teórica ni su naturaleza. Para mí un concepto puede ser arte, una acción puede ser arte, la línea entre arte y realidad no debería existir: la fotografía muestra eso y ella es un medio artístico legítimo. El problema es otro. El problema es la facilidad, lo inocuo, la intelectual insipidez de las ideas que conforman las piezas de ese arte, y de otros movimientos artísticos, tanto nuevos como viejos.

Lo otro realmente patético es la horrible majadería de estos artistas. Digo por ejemplo que un cuerpo de mujer es una obra de arte. La bobada está en coger una mujer, desnudarla en un museo y ponerle la firma de uno en el costado (otra joya del italiano dueño de la mierda de artista, Piero Manzoni, vean la foto que es genial (por lo idiota, por supuesto)).

¿Que pasa con el artista mismo en esta idea de arte que profeso religiosamente? Puedo hablar de mi experiencia: mis propios escritos literarios son el intento de alcanzar ese irracional asombro de lo artístico. No sé si lo logro y nunca lo voy a saber por mi propia cuenta. Esa es la gran tragedia de la persona que desea alcanzar el arte por sus propios medios. Pues en la medida que saco un relato de mi mismo, en la medida en que lo medito, lo produzco y lo redacto, ya lo he integrado en mi visión de las cosas. El texto se vuelve de inmediato natural y nunca llega a ser asombroso ni imposible para mí, sino vano, aburrido, soso, predecible. Cualquier supuesto artista que se vanagloria de su obra se engaña a sí mismo, porque en principio la supuesta grandeza de su obra le está prohibida. Todo aquel que pretenda ser artista está condenado al fracaso espiritual, con talento o sin él.

Es de resaltar que el criterio ofrecido es bastante exigente. Allí no cabe mucho de lo que se considera generalmente arte. Prácticamente todo lo que llamamos arte sufre de esa insipidez que el arte contemporáneo sólo heredó y transformó en su marca distintiva. Si se trata de distinguir entre arte y no arte, haríamos bien, para evitar que el inocente se equivoque, en pasar por el fuego la Gioconda de Leonardo, todos los cuadros de van Gogh, la obra entera de Picasso habría que pasarla por las llamas. En Colombia, Botero, Grau, no soportarían 3 segundos en la llamarada. Les prendería fuego sin dudarlo. Todo ese arte mediocre, vano, aburrido. Luis Caballero se salvaría del fuego sin lugar a dudas.

Por mi parte utilizaría la envasada mierda de artista para cubrir los desabridos lienzos en galerías enteras, con un pincelito no dejaría un color o una línea sin ser tapado por una mierda de artista. Cantidad de esculturas serían derrumbadas y cuadros pisoteados. Tomaríamos toda esa basura resultante y la inmolaríamos en una hoguera colosal, que la inmensidad de las llamas se transforme en nuestra verdadera obra de arte. Quemaríamos bibliotecas enteras de estupideces buscando un relato de Borges, buscando sumergirnos en los laberintos horribles de la Odisea, beber del cráneo ensangrentado de Poe, arrancaríamos y pisotearíamos páginas enteras de la poesía de Baudelaire buscando ese verso solitario que lo justifique como artista. Buscaríamos afanosamente a Carroll para salvarlo de la hoguera, y ese cuento de Quiroga que nunca olvidaremos. Tomaríamos todas las antologías literarias y las echaríamos al fuego, sin leerlas, sin dudarlo. El resto de las cosas, todo lo que antes se llamaba arte alimentaría esa hoguera impía por días enteros.

Al final dedicaríamos ese sacrosanto fulgor al dios que se encuentra detrás del verdadero arte. El verdadero arte que sólo atiende, sumiso, a un dios de blasfematorias exigencias.

¿Por qué no soy vegetariano?



Voy al veterinario a operar a mis hijas gatas y llega un señor con dos perritos cachorros muy bonitos. -¿para qué los trae?-, pregunta el asistente del veterinario. El “dueño” de los animales contesta con aire de suficiencia y orgullo -Corte de cola-. Veo los perritos y son hermosos. Acepto que los perros no me caen del todo bien, pero me pregunto: ¿con qué oscuros principios estéticos hemos decidido que tenemos derecho a mutilarle la cola a un animalito de esa manera? Agacho mi cabeza para procurar no ver la transacción sin sentido de sangre y dinero (una similar a la que yo estoy dispuesto a realizar con mis gatas), pero me encuentro con otro perro, Rocco. Rocco es un perro homicida que al pelear con otro de sus congéneres por el derecho a ultimar a un gato se quebró una pata. Rocco es uno de esos perros inmensos, arrugados, de narices chatas. Su rostro se ve triste y perdido, reconozco que no es sólo por el dolor del hueso lastimado. En su rostro lleva las señales distintivas de las originales y extravagantes maniobras que el hombre ha realizado sin piedad por siglos sobre esa especie animal, los lobos (Canis lupus). Lobos de patas cortas que no pueden casi caminar, lobos de piel arrugada y plegada con problemas de infección cutánea, lobos con instintos asesinos tan desarrollados que cuando muerden no sueltan la presa, lobos inteligentes para recoger pelotas lanzadas por idiotas desocupados, lobos enanos de juguete que nacen con anomalías como la hidrocefalia (el chihuahua, por ejemplo). Usted quiere un perro, díganos cómo lo quiere y denos unas cuantas generaciones y nosotros le creamos su perro de patas cortas para que se vea siempre como un cachorrito, sin cuello para que no pueda agacharse a comer nada del suelo, de pelo largo para que se sienta suave pero no mucho para que no se ensucie tanto, y sin dientes para que no lo muerda. Pero, tranquilo que igual lo cruzaremos con estas razas sumisas para que sea un perro tonto, y de por vida falto de afecto. Sólo ofrézcanos el tiempo suficiente. Pero, con todo y eso, necesitamos además cortarles la cola apenas nacidos. Qué puedo agregar, nosotros los humanos somos todos unos malparidos.

Es muy fácil sentir afinidad con los perros, las vacas o los pollos. Al fin y al cabo tienen cerebro y podemos ver en sus ojos rastros de angustia y dolor. Pero el ser humano es demasiado obtuso, demasiado vil y puerco para entender las cosas desde una perspectiva más amplia que sus órganos reproductores.

Hace poco me mandaron unas fotos sorprendentes. Eran esculturas hechas en un árbol, en un árbol vivo. Mutilaban el tallo creando formas extrañas, y el árbol para protegerse de las infecciones volvía a crear corteza, eso dotaba obviamente a las esculturas de una textura peculiar. Cortar tallos, destruir tallos, mutilarlos… Obras de arte. Qué puedo agregar, nosotros los humanos somos todos unos malparidos.

A veces nos es difícil darnos cuenta que los árboles y las plantas son también seres vivos que comparten código genético con nosotros. Es difícil ver un árbol y sentirse sensibilizado: es una cosa que no se mueve, que casi no produce calor, que no tiene sistema nervioso central y carece de ojos. Los protegemos porque cumplen una función importante en nuestro ecosistema, aunque muy pocos consideran que pueden sentir. Pero, inclusos los que piensan que los árboles pueden sentir se comen el pepinillo y condimentan la pasta con orégano.

¿Qué se debe concluir, que debemos morirnos de hambre para no tomar vida alguna de los seres? Algún idiota podría afirmar ahora que entonces debemos convertirnos en frugívoros, comer sólo frutas. Al fin y al cabo los árboles las producen para ser comidas por animales, y de esa manera propagar sus semillas en las heces.

Este es un punto importante. No estoy queriendo decir que no haya razones para ser vegetariano, de hecho las hay. El vegetarianismo es una forma, acomodada, bastante inútil creería yo, de protesta contra la crueldad de los hombres contra cierto tipo de organismos que, en nuestra jerárquica ontología de seres, tienen una posición privilegiada: como vacas, peces, cerdos y pollos. 

En términos biológicos y espirituales comerse un ajo es para mi algo igual de terrible que saborear un filet mignon a la pimienta. Porque lo realmente terrible no es comerse una vaca o un ajo, sino lo que hay detrás de ello: detrás de la vaca las granjas genocidas de animales, detrás del ajo: la agricultura masiva moderna industrializada.

Si de salvar especies se trata no hago mucho si dejo de comer carne. El daño de la agricultura es mayor, con ella no sólo se extinguen especies de plantas salvajes al volver la violenta e indomable tierra virgen en monótono terreno cultivable, sino que se destruyen los hábitats de muchas especies. Yo, particularmente, prefiero ser degollado a cuchillo, prefiero eso, a morir de hambre o contemplar mi forma de vida extinguirse poco a poco, como una vela metida en un cuarto sin oxígeno, como está pasando con las abejas.

Me permito recordar sucios detalles: antes de la agricultura (que aparece hace 9.000 años más o menos, en una etapa ya tardía de nuestra evolución cultural) el hombre era, muy al principio, carroñero. El comer altas dosis de proteína de carne fue lo que nos permitió desarrollar nuestro cerebro, ser inteligentes y vanagloriarnos de nuestra consciencia. Luego pudimos cazar y aumentar los niveles de alimento disponibles, pero nuestra vida estaba condicionada por el medio de vida del cazador, y por los recursos que teníamos. Que no se entienda tampoco que hago apología de la carne, sólo menciono que antes de la agricultura los seres humanos no tenían los medios para formar las grandes aglomeraciones chancróticas que fueron las grandes civilizaciones antiguas, lo que más adelante se transformará en imperio romano, cultura medieval, y por último, la ciudad, la cima del culo civilizado del mundo moderno que copula sin descansar con el pene torcido de la industrialización. Todo esto fue posible gracias a la maldita agricultura.

Gracias a ella, la agricultura, el Homo Sapiens empieza a consumir grandes cantidades de alimento sin fin. El Homo Sapiens ya no debe cazar su alimento, no tiene que luchar por el alimento, ni vencerlo en su terreno a punta de lanza, fuego y a veces su propia sangre. El Homo Sapiens puede ahora consumir grandes cantidades de ricos carbohidratos impensables para el carroñero o el cazador, engorda, se reproduce en legión, se vuelve sedentario, cómodo, se vanagloria de su comodidad, se empieza a considerar superior... El Homo Sapiens puede ahora conservar el alimento en graneros, lo que no pasaba antes porque la carne se pudre con rapidez. Llegan las grandes acumulaciones de humanos alrededor de las tierras cultivables. El Homo Sapiens contempla al mundo ahora poco a poco transformándose a su imagen y semejanza. en efecto, la agricultura nos obliga a encontrar formas de control de la tierra, sistemas de riego, desvío de ríos, presas, ella fue la puerta a la dominación de lo natural, ¿será que mi punto es ya comprendido? …. El descubrimiento de la capacidad para modificar el entorno nos permite crear también tierras de pastoreo, y someter por fin al animal transformándolo en ganado... 

Dios mío, temo que no podamos deshacernos del Hombre porque no hemos podido suprimir la Agricultura.

El problema no está en lo que comemos. El problema está en que somos un montón, y además somos un montón de acomodados que, desde el punto de vista de la naturaleza, no ha tenido que luchar por el pan que llega a su boca. Mientras seamos tantos habrá que que alimentar a demasiadas bocas, y mientras sea así, existirán mataderos, granjas y áridas zonas de cultivo que deberían ser todas maldecidas.

Yo, por mi parte, desearía que la humanidad volviera a ese estado salvaje de población reducida donde debía cazar a muerte para vivir y donde sólo necesitaba recolectar los frutos que encontraba. En un mundo salvaje ideal las vacas serían salvajes. Si renunciamos a la agricultura no podríamos someter al ganado, habría que cazarlo a la mala. 

Si alguien me dice que precisamente por ser más evolucionados biológica y espiritualmente que los demás animales estamos en capacidad de desligarnos o por lo menos alejarnos de esa cadena horrible y maravillosa de intercambios de vida/muerte naturales, si alguien me dice eso, yo le diría con toda sinceridad que se dedique a otra cosa más fácil que pensar... ¡Ja!, hombres como "animales civilizados racionales, bondadosos y conscientes": es tan ridículo que ni ganas de reírse dan. Curioso que se mencione esa razón sin darse cuenta que al emitirla ya se pone al ser humano por encima del resto de las criaturas vivas.

Por eso es que lo de ser frugívoros es una tontería. Igual para alimentar a todas esas bocas nuestras con frutas sería necesario destruir ecosistemas por bultos, más rápido que lo que se degüellan pollos. Por eso es que el vegetarianismo es un simple modo de protesta. No defendemos mucho al medio ambiente siendo vegetarianos, sólo protestamos contra la crueldad, y esa es una protesta ingenua, boba, servil, cómoda. 

Si nuestra sociedad torturara niños para cocinarlos, comerlos y comercializar su piel. Habrían algunos que se limitarían a no comer carne de niño y a no vestirse con niño, y habría algunos más activistas que pegarían carteles, pintarían paredes con tonterías, y dirían después que ellos hacen parte de la solución y se jactarían con vanagloria de que ellos no comen niños porque qué crueldad con los niños, por último nos invitarían a todos a ser como ellos. Que puedo decir, los seres humanos somos todos, sin excepción, unos malparidos.

Es cierto que no todos los activistas son así. Las acciones de muchos han contribuido al cierre de granjas homicidas de pollos, por ejemplo. Algo muy loable, pero igual de inútil. Porque el asunto es la demanda: cierras una granja y abren otra, o la demanda de la que cerró la suple otra granja donde más gallinas serán descuartizadas y más huevos serán criados y más pollos serán mutilados por el pico para satisfacer esa demanda. Salvar a un ser para que otro ser sufra es algo, sino moralmente erróneo, bastante discutible desde el punto de vista pragmático: como arroparse la cabeza con la sábana para protegerse del frío, pero al jalarla destaparse los pies.

Hagamos de cuenta que nos concentramos en la demanda entonces, en la gente. Hagamos de cuenta que la utopía vegetariana se cumple y logramos convertir al vegetarianismo a todas las personas de un país. Listo, eso es mucho porque varias granjas de pollos desaparecerían y no serían reemplazadas. Pero la gente debe alimentarse (igual que los animales liberados), y allí entra la agricultura. Hemos acabado con una dimensión del problema, pero no con el problema, no con su fuente. Al problema le salen nuevas cabezas cada vez que cortamos con complacencia una. Suprimimos la crueldad frente a una especie, pero por el otro lado seguimos destruyendo el medioambiente con los métodos homicidas y genocidas de la agricultura, muchas especies morirán como ya lo hacen otras. 

De nuevo, la fuente turbia del problema: somos un montón. 

Al que diga que las tierras de pastoreo desaparecerán y que eso ya es un bien para el planeta, le diría que para mi que esas tierras se utilizarán para suplir el aumento de la demanda de productos esenciales para la dieta vegetariana, como la soja, por dar un polémico ejemplo (sólo un ejemplo porque hay que hacer la cuenta de todos los productos cuya demanda aumentaría). Ahora utilizamos la soja para alimentar pollos, mañana para alimentar nuestra demanda y nuestra sobrepoblación en crecimiento, incluyendo la animal. Porque además, ¿las vacas que vas a liberar, las vas a matar para que no pastoreen ellas mismas y se reproduzcan sin control? 

¿Vamos a dejar que las miles de millones de vacas que existen en granjas ahora mueran de hambre después de liberadas? ¿Vamos a alimentarlas? ¿Vamos a proveerles de tierras de pastoreo para que se reproduzcan? Tendremos que sembrar soja en otro lado entonces, además de la que ya usamos para pagar nuestra deuda histórica con la especie bovina alimentándola.

El hecho horrible y esencial de nuevo es que somos montón y alimentarnos con sólo vegetales no va a acabar con eso, por mucho que digamos que podemos aminorar el daño. Podría mencionar eternos problemas medioambientales y manifestaciones humanas de crueldad que parten de ese hecho (de ser legión) y que no se encuentran relacionados con lo que nos metemos a la boca. La Hidra se niega a morir.

¿Qué se propone entonces? ¿Qué debemos hacer? Yo no propongo nada ni muestro ninguna solución. Creer que lo que hacemos sirve para algo, a secas, sin autocrítica o reflexión, es para mi sospechosamente conveniente. Ideológico. Por mi parte sólo logro convencerme que no hay que hacer nada. No hay que moverse para nada. Todo lo que hacemos esta mal, y si no esta mal, bien podría tener un efecto contrario al que deseamos. El nivel de crueldad humano en este mundo puede repartirse mejor, disiparse hasta que los propios ojos humanos no lo reconozcan, pero no deja de ser el mismo (como la energía). No dejará de ser el mismo hasta que dejemos de ser tantos como somos. Aunque sería bonito, tampoco propongo que nos matemos unos a otros para disminuir nuestra población, tengo mis propias razones.

Mi posición es una posición difícil, que se autoanula, se autosuprime. Pero cuando se autosuprime me contemplo aislado en mi desnudez de humano: sin argumentos, vivo, cruel, destructor de mundos, como todo el resto de los organismos de este planeta, como todos los demás humanos y sin remedio. Acusados por una visión demasiada bondadosa y complaciente que tiene el ser humano de sí mismo, movidos por una visión que promueve la compasión, el humanismo y la razón como valores civilizados humanos, somos incapaces de vernos a nosotros mismos en nuestra humildad: pertenecientes a un todo, a un proceso que no nos pertenece y al que queremos dominar con cualquier herramienta, incluso la bondad. Cuando la vida por el otro lado es injusta, cruel, desastrada y violenta: en pocas palabras, hermosa.

Felizmente mi posición es también inútil, existencialista, parcial, autofágica, incoherente, estrecha e injusta. Mi posición en últimas es sólo mía y no pretendo que nadie la asuma como suya. Ese pesimismo que profeso, sin embargo, oculta una posición espiritual y religiosa positiva: la acción es el refugio de las inteligencias asustadas, fruto de una creencia excesiva en la estabilidad de las cosas. Tengo fe en que esta mierda mamífera caerá sola cuando menos lo pensemos.

PD (unos años después): hace poco escribí algo que, aunque revisa algunas posiciones sostenidas en este escrito, mantiene las mismas ideas y conclusiones. Lo comparto con ustedes:

Hoy se celebra el día del no consumo de carne. Día que es aprovechado por los vegetarianos y las organizaciones animalistas para propagar su revolución alimenticia. La idea es prescindir del consumo de carne y transformar nuestra dieta en vegetariana. Aunque no soy vegetariano simpatizo con este tipo de grupos hasta cierto punto. Creo que efectivamente una dieta vegetariana global ayudaría muchísimo a disminuir la crueldad hacia millones de vivientes que a diario son sacrificados para proveernos de músculos y vísceras para nuestro consumo. Sin embargo, creo que es importante también despojarnos del mito de la limpia conciencia ecológica y ética que muchos pretenden tener sólo por ser vegetarianos. Porque si bien una dieta vegetariana es deseable, no por eso es la solución real y definitiva a la brutalidad humana que tiene orígenes mucho más diversos y terribles. Una muestra de ello es precisamente la agricultura, que es la base de la dieta vegetariana. No es un misterio el daño ecológico que la agricultura a gran escala ocasiona: la tala de bosques, la remodelación de los ecosistemas naturales para abastecer de agua a la producción, la salinización y la erosión del suelo, el impacto negativo de los fertilizantes en la tierra, el aumento del CO2 causado por la maquinaria de la industria, los plaguicidas… Mucho más importante para evaluar la viabilidad ética de la agricultura a gran escala es lo siguiente: todos los elementos antes mencionados, tala de bosques, etc, son causa de la eliminación virtual de la faz del planeta de cientos de especies animales y vegetales. Las mismas especies cultivadas sufren de una violencia atroz al suprimirse su biodiversidad, pocos saben por ejemplo, que el 90% de los bananos que se consumen son meros clones de una sola planta, de una sola cepa, la biodiversidad de la especie fue suprimida para favorecer la efectividad del cultivo y el control sobre éste. Que cambiemos nuestra dieta por vegetariana claramente disminuiría el impacto negativo de la agricultura, ya que dejaríamos de alimentar animales para nuestro consumo, y nos alimentaríamos directamente de la fuente energética producida por la base de la pirámide alimenticia. Pero el daño no se reduciría en un porcentaje significativo, porque el problema de fondo son los más de 7.000 millones de seres humanos cuyo número sigue aumentando diariamente en proporciones ridículas y notoriamente irracionales. Es deseable, por supuesto, una disminución del impacto al cambiar nuestra dieta. Pero pensar que suprimir la dieta carnívora por una vegetariana resuelve el problema de fondo, pensar que el planeta puede seguir manteniendo tantos organismos humanos sin perjuicio para el resto de las especies, comamos lo que comamos, es muestra de una carencia de pensamiento que realmente causa pavor. No puedo dejar de insistir en la cantidad de animales y plantas que mueren anualmente porque sus ecosistemas: bosques, pantanos, praderas, son usados para la agricultura. Las evidencias y los datos están allí, sólo hay que detenerse a buscarlos: cuántas hectáreas de bosques, por dar un ejemplo, son destruidos anualmente para proveer de tierra a la agricultura. Tampoco puedo dejar de pensar que la violencia que se ejerce contra estos insectos, pequeños mamíferos, arácnidos, reptiles, hongos y plantas, abandonados a la muerte por causa de la desaparición de sus hogares, incluso ellos mismos quemados vivos al ser destruidos los bosques donde habitan, no puedo dejar de pensar, decía, que esa violencia es igual de espantosa que la que se ejerce contra pollos y vacas en las granjas de cría y en los mataderos. Tal vez es una violencia más silenciosa, menos evidente, pero no por eso menos brutal. Es cierto que los avances científicos han disminuido el impacto de la agricultura moderna industrializada, pero no por eso han detenido el proceso que tiene como base, de nuevo, un aumento poblacional que desafía nuestra propia autocomprensión como seres racionales. Diariamente millones de seres vivientes son sacrificados para garantizar nuestros estilos de vida, y no sólo me refiero a la agricultura, sino a una gran diversidad de productos químicos naturales que son procesados para satisfacer la industria moderna. La industria del carbón y del petróleo, por dar sólo el ejemplo más vívido, cobra sus muertos, vegetales y animales. Y esta industria es sólo la punta de un negro iceberg de oscura muerte. Nuestros propios asentamientos artificiales (las ciudades) han sido y serán la causa de la muerte de millones de seres vivos no humanos. Para nadie es un secreto la cantidad de especies que se han extinguido a lo largo de nuestra historia, y por nuestra culpa. De tal forma que para algunos incluso estamos viviendo ya una nueva gran extinción masiva de especies, especies que mueren abandonadas en el “mundo humano”. Una extinción masiva esta vez provocada por la especie dominante del planeta, acontecimiento único en la historia de cientos de millones de años de la evolución de la vida en la tierra. Si debemos pensar radicalmente, si de verdad estamos interesados éticamente en la compañía de los millones de seres vivientes que junto a nosotros habitan este mundo, la verdadera revolución no está en los platos de comida sino, permítanme la expresión vulgar, en los catres. La urgente exigencia mínima es disminuir, sino suprimir, el aumento demográfico. La exigencia real sería no sólo suprimirlo, sino invertir el proceso. ¿Quién se atrevería a contemplar la posibilidad de una política global, radical, sistemática, estricta, y autoritaria, una verdadera revolución violenta contra nuestra propia especie que disminuya nuestro número, de más de 7.000 millones, a por ejemplo, unos estables 800 millones? ¿Quiénes están realmente dispuestos a, en cierto sentido, “sacrificarnos a nosotros mismos” para permitirle una vida próspera a los demás vivientes? Permítanme, ahora sí, un poco de irónico y silencioso escepticismo...