Versión libre del Infierno



Me imagino al demonio-muerte preguntándote. … y dime muchacho, ¿qué es lo que te causa más placer?
Entender lo que sucede a continuación implica reflexionar sobre la naturaleza misma del infierno.
No estoy sugiriendo que el infierno exista, solo intento afirmar que, si existiese, su naturaleza debe consistir básicamente en la encarnación de varias ideas muy obvias, y documentadas, por cierto. La naturaleza del infierno deberá estar constituida, en primer lugar, de eternidad. Pero más importante que eso, deberá la eternidad estar acompañada de varias otras cosas. Serán mencionadas más adelante.
Por ahora probemos el concepto de nuestro infierno examinando posibles respuestas a la pregunta del demonio. Qué es lo que te causa más placer? Es posible responder de forma típica:


  1. Me gusta el sexo (Mea Culpa)
  2. Me gusta la comida (Mea Culpa)
  3. Me gusta dormir (Mea Culpa)

En el primer caso veremos automáticamente a la víctima aparecer en el acto mismo del coito con un acompañante excepcionalmente hermoso. No hablamos sin embargo del sexo creativo sino del, en algunas ocasiones necesario, mete-saca tradicional. La víctima sentirá un placer indescriptible cuando sienta que sus sentidos se desarrollan en el infierno en formas inimaginables. Cada olor, cada sensación retumbará en su sexo y en su conciencia casi calcinándola. Todo será placer infinito…..
En el segundo caso un manjar exquisito llega a tus manos mientras yaces acostado, lo diriges a tu boca y comes todo de él. Los sabores renovados en dimensiones increíbles derriten tu ser con un goce extraordinario. Tu estómago recibe el alimento, se llena, pero no se cansa de recibirlo……
El sueño te invade en la tercera opción, duermes un sueño profundo y tu conciencia se pierde en él hasta profundidades imposibles, pero en el fondo eres consciente del placer del sueño, puedes pensar, puedes soñar a tu antojo, eres rey de tu propio sueño, eres un dios inmóvil. Eres, a fin de cuentas, un alma nueva en el infierno y por dios que el demonio sabe que a los nuevos hay que tratarlos con la deferencia que se merecen…..
Así comienza todo en el infierno, casi podríamos asegurar que no es, en absoluto, un infierno. Claro que después de unos años tal vez el sexo, la comida y el sueño en esas condiciones comienzan a transformarse en pura monotonía.
La monotonía se transforma pronto en hastió.
El desespero invade a la víctima, ella intenta desprenderse de su propio infierno de placer, pero no puede. Esta atada a su tormento, y es allí donde el demonio decide esperar unos decenios más. Luego acelera el tiempo. El ritmo del mete-saca ahora dura milésimas de segundo, y la conciencia del afectado no es capaz de comprender. El desespero ahora es sólo la antesala de la locura. El sexo: sólo una cosa que el cuerpo esta obligado a hacer como una máquina veloz compuesta de músculos y viscosidades que tiemblan de manera incontrolable. Por el otro lado, el sueño no cesa. La víctima intenta escapar de su bruma, pero esta obligada a permanecer inmóvil. Palpitando en el silencio, siglos enteros.

Obviamente el infierno respeta la unidad de la conciencia, pero no la del cuerpo. El cuerpo puede desdoblarse y multiplicarse. Imaginemos que mientras cumple con su placer-tortura a la victima se le otorga, cientos de años después de recibir el primer tratamiento, un nuevo cuerpo. Un acontecimiento de su vida es escogido. Alguna vez pasó alguna vergüenza, una humillación publica. Ese acontecimiento ahora se le repetirá en su nuevo cuerpo. En esa humillación, tal vez, los muchachos del colegio se ríen de la victima, de sus defectos. Ese acontecimiento lo marcó en su adolescencia y ahora se le ofrece como una tortura simultánea. Pero no, eso no surtiría efecto, diríamos. Ahora tiene este otro problema del placer que lo atormenta (sexo, comida, sueño). Así que, ¿qué puede afectarle esa pequeña y pasada humillación, ahora que ya es adulto, y que ha muerto, y que tiene este otro problema del alimento infinito que pasa por su garganta y su boca entumecida?. Pero pasan los años y ese momento sigue cristalizado en la eternidad. Ya no es tan fuerte para soportar la humillación, las risas de sus compañeros son tan rítmicas como los sonidos de su respiración al dormir, o las salidas de excrecencias en sus genitales. Sus defensas psíquicas se desgastan. Las voces de los burlones se agolpan en su cabeza al ritmo de un metronomo demencial. Pide desesperadamente que todo acabe.
Puede que después, otro de sus cuerpos, sea atormentado con otro suceso, el puño de su padre sobre su boca se repetirá, de nuevo en su propio rítmo: pun, pun pun pun pun pun pun pun pun, una y otra vez. Todos los acontecimientos dolorosos de su vida serán repetidos. Todo a la vez, todo múltiple. una danza en círculos que nunca acaba.
Milenios después mientras, come, mientras duerme y mientras tiene sexo, será consumido por el fuego. Un cuchillo aserrado será enterrado en su ano, una y otra vez cada segundo.Pero todo muy lentamente. Entre cada nueva tortura pasarán siglos enteros, el demonio no quiere saturar tus sentidos. Todo lo contrario. Le interesa que sientas cada cosa lo más perfecta posible. Se te dotará de todos los cuerpo que sean necesarios, mientras tu conciencia recibe todas esas sensaciones altamente diferenciadas y cadenciosas.
Tarde o temprano el demonio se meterá con la conciencia misma. Empezarás a sentir emociones muy bien escogidas. Depresión, psicosis, miedo. No habrá un lugar de tu mente donde puedas esconderte. Tus múltiples cuerpos mientras tanto serán atacados por nuevas sensaciones que se repiten y no cesan. Recordemos que pasan siglos entre una cosa y otra. Imagino al demonio con una lista de tareas donde se detalle las torturas por venir para los miles de millones de residentes de su hogar, y aún así pasará eones lleno de pereza en su silla.... Pues hay que dejar pasar el tiempo suficiente, y aunque no lo creamos en el infierno el tiempo sí tiene sentido.
Te darás cuenta, tarde ya, que esos múltiples cuerpos son sólo uno, que todos esos castigos confluyen en una sola cosa de carne compuesta de múltiples dimensiones. Para ese momento la comida dejará de tener sabor y se transformará en mierda. Tu garganta estará ulcerada y tu estomago henchido de gases y porquerías indigestas.
Dormirás, pero serás consciente de cómo tu cuerpo se pudre en vida y los insectos se apoderan de toda hendidura de tu rostro. Pero estarás dormido.
Tu sexo no soportará el castigo y comenzará a despellejarse y a supurar, pero estarás atado a tu espasmódico e infinito mete-saca. Soportarás los calambres y los dolores y allí estarás. Con tu indeterminadamente lujuriosa pareja de sexo gimiendo de placer, y hasta sus gemidos serán intolerables y sin dejar de penetrarla o dejarte penetrar vomitarás sobre su cuerpo. Pero luego te obligarán a engullir tu propio vómito mientras duermes.
Por supuesto que gusta el sexo, la comida y dormir. Veamos que piensas de hacerlo todo al tiempo, en proporciones grotescas, por toda la eternidad. Sentirás todo al mismo tiempo: sexo, humillación, dolor, miedo, laceración, depresión, mierda, golpe, el dedo en el culo, el dolor de cabeza que palpita, por un solo oído simultáneamente se te derramará aceite, serás violado por allí por un elefante, te gritarán las humillaciones más terribles, escucharás la voz sonriente de tu enemigo, y un sonido de decibeles imposibles destrozará tu tímpano, y etc.……Al cabo de los siglos olvidarás que fuiste humano alguna vez. Todo será como una música de dos tonos que se repite: ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra ta Ra Ra ta Ra Ra ta Ra Ra ta Ra Ra ta Ra Ra ta Ra Ra ta Ra Ra ta Ra……

No es posible sin embargo describir el infierno tal como lo deseo presentar. El lenguaje no alcanza a concebir esa multiplicidad, ese hastío y esa repetición.
Pero lo único que tengo ahora son tontas palabras. Metáforas de la decadente industria humana, así que tendrá que bastar.

Hastío y Repetición. Conceptos fundamentales para entender la idea de un infierno en eternidad, pues la eternidad sólo es el marco formal, la arena de posibles. Pero, por supuesto, nada de sensiblerías metafísicas con lo del infierno. Los griegos ya lo habían dicho todo y sólo hay que actualizar su legado. A la mierda con el cuento que el infierno es alejarse de dios, o que es un estado del alma. Estupideces propias de la new age cristiana (que empezó con Juan Pablo II (dios lo tenga en su gloria, porque su infierno comenzaría, a pedido suyo, con un enjambre de maripositas acariciándole la línea del perineo)), y en unos meses me imagino a científicos, curas y pastores en acuerdo afirmando que el Infierno es un estado cuántico de la materia cuando la función de onda colapsa "de la manera que no es" (traduzco para el lector ignorante: "Todo es cuestión de perspectiva...").

No creo en el infierno, me parece una idea burlesca, demasiado mamífera, servil. Pero si el infierno existiera, no me lo imagino de otra manera que ésta. Despampanante, incomprensible, ridículamente mundano. Tan respetuoso de los valores propios de la humanidad: la repetición y el hastío.

Lo que queda de un Viaje


Adquirí un libro de mi maestro que no conocía.
Después de leer esto (que escribió en sus años de "juventud") no dejo de pensar sobre mi mismo, sobre mi vida y mi propio pensamiento...


"El hombre nace rebelde. Su naturaleza le repugna.
El hombre ansia una inmanencia divina. El mundo entero sería el cuerpo insuficiente de su implacable anhelo.
Pero el hombre no es la única ilimitable codicia de vida. Todo, en el universo, imperializa; y cada existencia singular ambiciona extenderse a la totalidad del ser. El animal más miserable, entregado sin prohibiciones a su fiebre, coparía el espacio y devoraría las estrellas. En los charcos de los caminos hay efímeros organismos que contienen la virtual posesión del cielo.

Ningún límite es interior al ser; ninguna ambición se recusa a sí misma. Toda renuncia nace de un obstáculo; toda abstención, de un rechazo. El universo es un sistema de limitaciones recíprocas, donde el objeto se construye como una tensión de conflictos. La violencia, cruel ministro de la limitada esencia de las cosas, impone las normas de la existencia actualizada.

Pero si la intervención de ajenas presencias amputa y trunca infinitos posibles, nuestra alma escuálida sólo es capaz de una fracción de los actos con que sueña. Todo el mundo es frontera, término, fin.
Nuestro terrestre aprendizaje es un desposeimiento minucioso. Cada atardecer nos desnuda. Nuestra ambición persigue decrecientes pequeneces. Vivir no es adquirir, sino abdicar.
Todo es reto para que nuestra impotencia se conozca; todo es barrera para que nuestra debilidad se advierta y se admita. Entre nuestra avidez y el fruto que la sacia, una breve distancia extiende un espacio igual al infinito. Nuestro más hondo deseo es nuestra imposibilidad más segura.

Nuestra vida se deshace en cada uno de sus gestos, abandonando al limbo innúmeros abortos. Vivimos ahuyentando larvas que apetecen nuestra sangre. Nuestro destino es la presión que ejerce la pétrea abduración de una muerta libertad; cada elección obstruye las direcciones no elegidas; en cada uno de nosotros gimen los ahogados fantasmas que no fuimos.
La opción impasible y lívida preside todo instante.
Anhelamos aunar y confundir en una posesión simultánea objetos antagónicos, pero la implacable exigencia de actos coherentes divide y lamina nuestra avidez de monstruosas conjunciones. La incompatibilidad de satisfacciones contrarias anula el delicioso desorden de nuestros apetitos.

Pero si la simultaneidad nos delude, el tiempo nos veda un cumplimiento sucesivo. Todo acto es fecundo, y nadie puede abolir sus consecuencias. El vaho del pasado nos impregna. Inhábiles para retornar a nuestras encrucijadas pretéritas, no podemos pasearnos en el tiempo como por un obscuro corredor. La vida ignora el arrepentimiento, y olvidó erigir confesonarios en sus vanos templos.
Los años son nuestras celdas sucesivas. La vida traza una espiral desde el infinito de nuestras ambiciones hasta la fosa donde su vértice se clava. Nuestros sacrificios anticipan la rigidez postrera.
Somos, sin embargo, reos condenados a dictar nuestra propia sentencia. El hombre no puede entregarse a la trayectoria de su vida, como la piedra a la curva parabólica que la devuelve a la tierra. La vida no es un camino llano entre murallas; sino la senda nacida de nuestros pasos, como nuestras huellas.

El hombre es un animal perdido, sin ser un animal abandonado. El hombre no sabe adonde dirigirse, teniendo sin embargo la obligación de llegar. Una voz imposible de oír lo conmina. El hombre sólo sabe si cumple, después de arrostrar el fracaso.
Somos libres de postular los fines más diversos, libres de ejecutar las acciones más contrarias, libres de internarnos en las selvas más oscuras, pero nuestra libertad es sólo una libertad de errar. Si somos dueños de mutilar la promesa inscrita en nuestra carne, su determinación excede nuestro siervo albedrío.
La libertad no se alza como una plataforma sideral, para que el hombre se trace desde ella una ruta arbitraria entre los astros. La libertad no es el poder de fijar metas, sino el poder de malograrlas.
La libertad es nuestro riesgo, el noble privilegio de incumplir nuestro deber. El animal avanza, imperturbable, hacia la plenitud de su esencia; y la materia la realiza con su existencia sola. El hombre se estremece y oscila al borde de sí mismo. Nunca es blanco donde vibra la flecha clavada; sino aguda flecha en el viento".

Nicolás Gómez Dávila

La Idea de un Universo-Hongo


Los físicos son aquella gente que sabe de matemáticas (los buenos saben también algo de poesía) y que se preocupan básicamente por el problema de los límites del universo. Los límites del universo son básicamente cuatro.

  1. El límite del origen: verdaderamente un problema serio. Se han imaginado diversas propuestas todas a mi parecer una porquería: el big bang, el acontecimiento primigenio de la singularidad, el frío intelectual del vacío cuántico, el dios arquitecto creador de los axiomas geométricos del universo... La embriogénesis del universo tal vez sea el problema más antiguo, y a mi parecer el único que no podrá ser resuelto.
  2. El límite de lo más grande: el problema de la forma del universo, de su arquitectura macroscópica. Realmente un problema secundario a mi parecer.
  3. El límite de lo más pequeño: el problema de la constitución microscópica del cosmos. Sinceramente este problema debería quedar en la sombra su respuesta. Incluso suponiendo que estuviera en las manos humanas encontrar la verdad (algo que dudo). No quiero imaginar lo que sucedería si mi intuición es cierta. ¿En qué consiste la micrométrica del universo?. De nada, absolutamente. Vacío puro sin forma ni tiempo. Alguien podría decir que cómo es eso posible pues es claro que la materia es algo, si los acontecimientos suceden cómo puede no ser nada el universo infinitesimal. Pero la idea de que la materia y los acontecimientos, al ser sumados y restados se anulen mutuamente no es refutada realmente por ninguna cosa. El universo en su totalidad podría bien ser simplemente una ilusión epistémica a nuestros inexistentes ojos.
  4. El límite del final: es el problema de hacia donde se dirige el universo, cual es su futuro. Este es el asunto que en este momento me interesa.

Poder pensar el final del universo no me parece una cosa tan difícil en un primer momento. Creo que es un asunto cualquiera que conozca el segundo principio de la termodinámica puede suponer. Cito la sabiduría de la red porque me da pereza redactar algo propio:

La segunda ley de la termodinámica o segundo principio de la termodinámica expresa, en una forma concisa, que "La cantidad de entropía de cualquier sistema aislado termodinámicamente tiende a incrementarse con el tiempo, hasta alcanzar un valor máximo". Más sencillamente, cuando una parte de un sistema cerrado interacciona con otra parte, la energía tiende a dividirse por igual, hasta que el sistema alcanza un equilibrio térmico.

Esto lo que quiere decir es que la energía poco a poco se degrada (se disipa) hasta tal punto que ya no funciona para crear materia ni movimiento ni nada por el estilo. La energía sólo funciona cuando existe una asimetría, cuando la energía se encuentra “organizada”. Una presa hidroeléctrica por ejemplo genera energía que puede ser transformada en electromagnetismo porque existe un desequilibrio entre el agua elevada en la presa y el cauce del río abajo. La gravedad procura que ese desequilibrio no dure mucho y cuando toda el agua se encuentra al mismo nivel la presa ya no sirve. Los muros de la presa no sirven para detener la gravedad (cosa imposible), sino para retrasar el proceso de aumento de la entropía del sistema agua. Sólo retrasa el proceso, pues los muros de la presa son sistemas organizados que poco a poco también se desorganizan y entran en un estado de equilibrio con su entorno. El asfalto es invadido por el agua, las semillas de las plantas pronto corroen la superficie y la presa se derrumba.

Por otro lado, un sistema sólo puede entrar en desequilibrio (esto es: organizarse) cuando energía exterior al sistema incide sobre él. Las neveras por ejemplo mantienen frío su interior conduciendo el calor de su interior al exterior, y ese desequilibrio térmico solo puede llevarse a cabo por medio de la colaboración de energía adicional (electricidad). La nevera puede hacer esto porque nosotros, seres conscientes e inteligentes, la hemos construido. La inteligencia es una forma de energía en cierto sentido, y ella surge de formas de vida que ellas mismas se encuentran en desequilibrio (altamente organizadas).

Los seres vivos son sólo cápsulas de superorden altamente eficaces. Si partimos del hecho que tal estado de organización sólo puede llevarse a cabo por medio de energía adicional, y ya que la energía siempre es degradada (por lo que la organización creada por la energía siempre es inferior a ella misma, ya que hay un “gasto” inevitable), entonces la pregunta obvia es cómo esa energía viviente se organizó en un primer momento, pues no se encuentra en el universo un sistema tan altamente organizado como los propios seres vivos. En pocas palabras, a lo que me refiero es a esto: quien diablos nos dio el empujón inicial que nos permitió crear Neveras... Esto me lleva a recordar que cuando me encuentro con un ateo me sonrío y no digo nada, sólo me regocijo de su ingenuidad y de su estupidez. Si alguien me dice que la energía de los seres vivos proviene del sol no más y que no hay necesidad de pensar en otra cosa yo tendría dos que decirle:

1) ¿Quien mierdas creó el sol?, ¿o quien mierdas creó lo que permitió que el sol se creara, o quien fue el mierdoso que creo lo que se necesitaba para que se organizara lo que se necesitaba para que el sol se organizara? (en pocas palabras, si el asunto de la entropía se traslada hacia el límite del origen del universo estamos en un bastante coprológico problema)

2) la energía del sol sólo puede desorganizarse más y más. Es cierto que la energía del sol se acumula en la tierra, pero ¿qué la obligó a organizarse en formas de vida complejísimas?.

No digo que esto sea prueba suficiente para la existencia de un motor inmóvil o alguna metafórica tolondrada de esas. Sólo digo que el misterio de todo ese asunto no ha sido resuelto ni de cerca, y mientras no sea solucionado ser ateo no es más racional que hablar en la lengua de Adán y danzar al son de sucias panderetas mientras se escucha a un tarado brasilero cebollino bien vestido recitándole a uno con un histrionismo vergonzoso esa muerganez llena de sangre, sexo y mierda seca que llaman biblia, y que no es más que la bitácora autocomplaciente de una tribu primitiva de tontucios sedientos de violencia, junto con la posterior historia de un tipo que, aunque relativamente agradable, lo más probable es que necesitara (hijo de dios o no) de un buen antipsicótico.

Pero ya me desvié.
El asunto principal es que, según el segundo principio, al universo no le queda de otra sino degradarse, volverse absolutamente inerte. Desaparecer dentro de sí mismo en una nulidad llena de materia en cero absoluto. Es lo que yo llamo “la muerte de cristal”. No hay manera de escapar a este destino, así que todo lo demás vale 5 pulgas.

(Obviamente esto es más complicado porque la entropía juega un papel no aislado, sino que se debe calcular el destino del universo con otras variables. Por ejemplo, el nivel de su expansión. Pero realmente si me pongo a pensar en todo eso termino necesitando antipsicóticos yo mismo, y la idea de escribir es precisamente ahorrarme esos molestos menesteres. Así que los muy intelectuales en esas cosas pues que lean al paralítico y a sus superamigos y que no me jodan mi reflexión.)

La muerte de cristal es imposible evitarla si el universo es por si mismo un sistema cerrado inerte. Ese destino es aterrador y la pregunta que me propongo responder es si hay alguna manera de evadir esta miserable conclusión que obviamente le importa un centavo al hombre de a pie.

Sólo hay una manera que ese destino sea diferente. Lo que propongo como todo lo que escribo no es nuevo, es una idea que tal vez sea tan vieja como la humanidad primitiva y sus misteriosos animismos. Cuando cada piedra y río tenían una razón de ser y un alma. La única manera que creo tenemos para pensar que el universo puede evadir la muerte de cristal es aceptar que nuestro hogar no es inerte, sino que el universo es un ser vivo como nosotros, y que como nosotros puede autoorganizarse.

Esta premisa tiene dos consecuencias:

  • Los seres vivos, dentro del universo, no somos entonces más que parásitos. Esta conclusión tampoco es que necesite de premisas. Contra la evidencia no hay lógica que valga y para las cosas verdaderamente importantes de este mundo la lógica sólo sirve para hacerse el payaso.
  • Si el universo es un ser vivo entonces no puede pensarse sin un ecosistema, ya que la organización de los sistemas vivos sólo se sostiene porque ellos permanecen en desequilibrio con su entorno, intercambiando fluidos y energía, consumiendo alimentos altamente organizados (otros seres vivos) y expulsando Deshechos Entrópicos Orgánicos (un elegante eufemismo para “mierda” (lo menciono no por pasarme de grosero y ordinario sino porque hay gente muy querida a la que no le gustan los eufemismos entonces que pena con los sensibles)).

La segunda conclusión me parece hermosa. El universo, como ser vivo, debe tener un ecosistema, un gran contexto que le de sentido. Porque obviamente el universo mismo no lo tiene. El único sentido de la vida en su aislamiento es seguir siendo vida, parásitos conmovedores los seres vivos se agitan en una afán de saciar su necesidad de ser, como un gran obseso sexual que gira y se menea alrededor de su órgano hasta autodestruirlo, que copula con el aire y consigo mismo hasta morir. Eso somos los seres vivos nada más.

Quisiera poder comprender esa sandez que llamamos universo. Quisiera que alguna revelada mentira creíble se me ofreciera. Cuando contemplo el cielo, cuando a mis ojos se le ofrecen análogas las estrellas sólo puedo sentir que allí arriba, pese a toda la hermosura que una parte de mi puede imaginar, sólo podría encontrar banalidades. Como si también nosotros sólo fuéramos una manifestación más de la gran burrada cósmica, del gran insulto existencial.

¿Cómo pensar diferente?. ¿Cómo es posible pensar el universo como algo que provoque seriedad, digno de honor y de alabanza?. Sólo por medio de un gran poder imaginativo puedo pensar el universo como algo que merezca siquiera ser pensado. Sólo lo logro imaginándolo perteneciente a un gran todo (lo cual es paradójico porque obviamente se supone que el universo es ese gran todo).

Pero el punto importante aquí es que si el universo es un gran ser vivo debe también ser un parásito de algo, debe ser entonces igual a aquellos que lo habitan. ¿Qué ser viviente será?. Yo lo imagino como un hongo que roe el eterno e infinitamente duro material de las paredes lisas, níveas, de un macrocosmos por fuera del espacio-tiempo. Imagino esas paredes, sin extensión, sin color, pero con una plana geometría perfecta. Me imagino al universo pegado a esa geometría plana sin figuras, una mancha hundida que lame. Me regocijo con esta intuición. El universo como un hongo colosal que carcome y carcome, como un buda ultradimensional que en posición de loto socava la tierra con su trasero.

El universo se expande y la infección persevera y se autofecunda. El gran universo, la colonia de heterótrofos inmóviles que tiene como único propósito alojar otros heterótrofos inmóviles. El hombre-hongo que no es sino un parásito de un parásito de un parásito de un parásito. La banalidad humana entonces no es sino la manifestación de ese parasitismo regresivo (bueno, nadie me podrá negar que por lo menos le he encontrado algún sentido a la vida humana). El universo, básicamente, no sirve para nada más. Extravagante es que uno solo pueda encontrar belleza en lo banal.

Esperemos, algunos deberán rezar tal vez, para que no se use un buen antimicótico en esas paredes.

Siento placer pensando que nuestro universo es un simple hongo, pero también que en ese vasto no-lugar en ese ecosistema de paradojas cucarachas y moscas también deben existir. Esos complejos, neuronales y violentos universos-insecto, cuya ansiedad sin piedad devora otros universos vivientes, deben ser de una incontestable y horripilante hermosura.

Preguntas para un Examen Final

Pregunta 1:
¿Si responde adecuadamente la Pregunta 2, perderá el parcial?. (construya un texto coherente, completo y claro que justifique su respuesta) Pregunta 2:
¿Es posible responder adecuadamente a la Pregunta 1 y ganar el parcial (explique por qué)?

…desgraciado fin de semestre que no deja escribir.

La herida que siempre hemos tenido...

Las cuatro heridas
Las “heridas narcisistas” de la modernidad según Freud son aquellas que, de una u otra forma, desmontan al hombre del lugar predilecto en el que él mismo se había situado en el universo.
Cronológicamente ellas son: la teoría heliocéntrica de Copérnico, la teoría de la evolución de Darwin, y la exposición del inconsciente por el propio Freud.

Copérnico nos expulsa de nuestro lugar privilegiado en el mundo, el centro del sistema solar. Diluye además la finitud cerrada del universo aristotélico para instaurar un espacio frío y silencioso lleno de interrogantes más que de respuestas para el alma del hombre.
Darwin por su lado arremete contra aquel pedestal elevado donde nos manteníamos distanciados del resto de las criaturas vivas e inertes, como entes semidivinos creados a nuestra imagen y semejanza. No tenemos ahora el poder religioso para someter y esclavizar a los animales, antes nos vemos rebajados a ser también meros animales, frutos del azar y las variaciones climáticas.
Freud por último destroza las cañerías escondidas de la razón humana y nos enseña a observarnos como seres manipulados por nuestras propias pulsiones desconocidas. No nos queda más que dudar de todas nuestras supuestas evidencias racionales por estar fundamentadas en pasiones sin control.
Una herida sobre nuestro lugar en el mundo, una sobre nuestro origen, una sobre nuestra razón. Sin embargo, hay una cuarta herida que pocos reconocen pero que siempre ha estado allí, una herida oculta que nos define de forma negativa e insistente. Una cuya sombra no es reducirnos o humillarnos, sino exhibir nuestra vergüenza y nuestra falta de reflexión sobre nosotros mismos y sobre el resto del universo. Esa herida no tiene nombre, ni protagonista, ni es teoría alguna que pueda ser refutada, y sólo puedo explicarla trabajosa y torpemente.


La pregunta que nos permite reconocer nuestra herida es sencilla: en todas esas estrellas infinitas que constituyen nuestro universo ¿existirán seres inteligentes, seres hermanos parecidos a nosotros, o es que simplemente estamos solos en el universo?
Reflexionemos sobre las respuestas posibles:
  • No somos los únicos, existe al menos un planeta donde la vida ha germinado al igual que aquí, como una infección vaporosa causante de todos los edemas asombrosos del mundo.
Pero si en otro planeta la vida fue posible, entonces ella no es un acontecimiento singular, sino un patrón repetible, aburrido y cómodo.
  • O somos los únicos, no existe ningún planeta donde la vida se haya abierto paso a través de podridos mecanismos.
Pero si en otro planeta la vida nunca ha existido, entonces la vida es un acontecimiento singular que no responde a ningún plan o ley, es un simple hecho perdido, desesperado y absurdo.

Lo que se presenta entonces en este momento es un dilema compuesto por dos islas carcomidas por la misma acuosa y turbulenta ignorancia. Esa herida abre nuestra carne en dos y descubre la desnudez del hueso, el vacío blanco y poroso del que estamos hechos… Es que ser conscientes que nuestra vida se lleva a cabo a la luz de esa mísera oscuridad es realmente aterrador.


Los cuernos del dilema

Reflexionemos sobre los dos cuernos del dilema.
Cuerno 1: Imaginemos primero que somos únicos. Si estamos solos entonces el vasto universo obedece a mecanismos que no nos pertenecen y a los que no pertenecemos. Somos entonces organismos desgraciados que comen, copulan, se asesinan y excretan sin sentido alguno…
Recuerdo que escuché una vez uno de los argumentos más famosos esgrimidos a favor de la idea contraria (que no estamos solos): "Si en verdad estamos solos en el Universo, ¿no les parece un gran desperdicio de espacio?"… Que idiotez tan sorprendente. El universo a fin de cuentas ni noticia de lo que es la maldita economía del espacio (como si fuera algo de suyo evidente que el cosmos no fue decorado por un jodido minimalista). El argumento pretende ser religiosamente neutro, pretende colocar al hombre en un contexto materialista donde la evolución juega un papel preponderante y donde ella le da sentido a las criaturas terrestres porque las hace pertenecer a un biologismo popular, democrático. Pero el argumento no pasa de ser un miserable “debe ser” racionalista, un muérgano pseudorazonamiento que carece tanto de confirmación como de honor, una manifestación desesperada de los calzonudos, de los cobardes atemorizados con nuestra propia tontería. Qué desperdicio de espacio ni que tontería.

Hasta hace poco sentía admiración por los físicos, los astrónomos y los cosmólogos humanistas estilo Carl Sagan o el Parapléjico aquel, pero ya no gracias al señor mi dios que en él confío, y me reservo los denuestos porque ya me imagino la gente jodiéndome porque no respeto ni a las mentes más brillantes de este siglo (como si el vocablo “mente brillante” fuera consistente lectores imbéciles de esquina).

Cuerno 2: Imaginemos ahora que no estamos solos, que somos simplemente una manifestación más de un cúmulo infinito de acontecimientos iguales a nosotros, el universo entonces lleno de vida y de inteligencia. Pero entonces no hay nada de digno en el ser humano. ¿Creaciones de dios?, ¿de un dios prolífico, promiscuo y desesperado?, ¿eyaculando desordenadamente sobre los millones de puntos cardinales del firmamento?... ¿O somos simplemente una consecuencia más de una ley natural igual de fértil que una deidad desesperanzada de sí misma? De todas formas, no entiendo realmente qué podemos esperar de nuestra existencia si el cosmos se encuentra sobrepoblado de mentes, brazos, intestinos que se atragantan con otros intestinos, ojos que absorben la savia de las cosas desde eones atrás. Comparado con este universo de riquezas y de mentes nuestro propio mundo no es más que una humillación. Frente al resto del cosmos nosotros mismos somos nuestra más avergonzante refutación moral.

Esos son los dos cuernos del dilema. Esa es la gran herida que he querido descubrir con torpeza. Cómo es posible que el ser humano pueda seguir su vida pretendiendo ignorar ese teatro cósmico que se le oculta mediante un telón de penumbra. Un teatro que nos define como un absurdo o como una vergüenza.

Yo, yo sé por qué, sé por qué el ser humano puede seguir tan cotidiano y bobo. Es la ignorancia. No conocer realmente la respuesta al dilema nos permite pretender que no existe, que estamos más bien frente a una disyuntiva inútil, falso aprieto que no sirve para nada y que sólo ocupa a inteligencias desocupadas y pseudointelectuales. Esa es la razón por la cual el hombre no es capaz de penetrar su propia llaga con el dedo.

Sólo es imaginar que al ser humano se le presente con absoluta certeza una respuesta al dilema para que su mundo termine. Para que nos invada el terror absoluto y despótico de la soledad, o para que nos invada la vergüenza de reconocernos torpes niños endebles, culicagados llenos de hermanos mayores (o aún si sólo encontráramos menores, si nosotros somos lo más maduro que ha podido surgir de la búsqueda de la estabilidad de la materia, pues eso si sería para no dar el brazo a torcer con la idea de que el universo en su totalidad no es sino una caca colosal surgida de la singularidad rectal de la Nada (¿qué habrá comido para cagar eso?, la sola pregunta me asusta pero me permite una tangencial reflexión[1])).


Las soluciones posibles nos llevan a lo mismo
(la verdadera herida)


Pero eso no es todo. Porque, estoy convencido, es posible sentirnos perturbados sin que la respuesta concreta al dilema se nos revele. La razón es que sea cual sea la respuesta se puede desprender la misma consecuencia: Si estamos solos, entonces todo el universo es una gran simetría árida, un gran patrón que se repite y que sólo nos tiene a nosotros como vil excepción que no vale ser tenida en cuenta. Si, en cambio, no estamos solos el universo, entonces él es de nuevo un gran patrón que se repite, y nosotros somos simplemente un grano de arena más, un subproducto de cualquier ecuación aburrida.
Si estamos solos entonces el universo es un patrón que se repite. Si no estamos solos entonces el universo es un patrón que se repite.
Como estas dos opciones se reparten todos los posibles universos humanos, entonces este universo, suceda lo que suceda, es la misma estupidez vuelta un patrón. Un círculo perfecto que no es capaz de movimiento o de evolución, un bosquejo en blanco y negro.
Probablemente todo el universo sea sólo el crecimiento enfermo de algo mucho mas tedioso, grande y omnicomprensivo, una gran burla muy bien planeada... Dios crea el universo, el universo crea las estrellas, las estrellas crean los planetas, los planetas generan la vida, la vida impone la necesidad, la necesidad crea la carne, la carne crea la necesidad, la carne y la necesidad crean al simio, el simio afila el pedernal, el pedernal crea al Hombre, el Hombre crea a Dios, el cual crea el universo. Aquel universo que ha posibilitado la existencia misma del pedernal, que ha creado al hombre. En ese macrocosmos Dios, Hombre y Pedernal se mantienen bien ocupados. Semicírculos de una sola geometría que rueda sin causa alguna cuesta abajo, para luego ascender. Y de nuevo. Del vértigo existencial dan ganas es de vomitar.
Por eso no creo en multiplicidad ni en variedades ilusorias o creativas. Productos son de las pasiones de los que no creen en la verdadera bendición, la de la carne, la de la sensualidad. No es posible entonces sentirse angustiado o desesperanzado cuando, en principio, siempre se ha vivido en oscuridad. La única alegría que siento es que por dentro somos también repetitivos, que en nuestros cuerpos fluye un reino microscópico voraz, un paraíso igual a éste que nos reciclará en nuestra muerte. Quizás dioses allí no existan, pero ese mundo interno existe, y en ese mundo hay una selva que en este mundo no conozco, pero que amo; y la selva misma existe y persevera. Una selva microscópica pero real, no ilusoria ni metafórica… El hombre a lo largo de sus días se alimenta de semillas, de esporas levantadas por el polvo, de parásitos sin nombre. Sin saberlo una selva ha crecido en su vientre enfermo. Allí se alojan Tigres-Gusano habitando en cuevas pulmonares.
En esa mi selva me sumerjo de noche. Arrastrándome sobre las hojas, y entre gritos casi humanos de agitación, sigo el camino de heces arrojadas hasta las acumulaciones de mis primates. Allí surge otra inteligencia o no surge ninguna. Repugnante todo en sus detalles.



[1] Este pensamiento obviamente oculta una paradoja:
Si el universo fue cagado, entonces el ano debería haber existido antes que él. Pero entonces, ¿donde estaba el ano previamente?. Pues en un meta-universo se podría responder, y entonces la nueva pregunta es cómo surgió ese meta-universo, y si fue cagado el meta-universo mismo, entonces su origen debe estar en un meta-meta-universo, y así ad nauseam. Esto obviamente (?) es inaceptable.
Pero, además del anterior problema lógico, se encuentra este otro problema: que cada universo utilizaría como alimento y cuerpo la cagada del anterior, lo que generaría una degradación nutricional inimaginable de la materia del cosmos.
La única solución posible a este problema es admitir que el universo se cagó a sí mismo. No dejemos por favor que la metáfora fisiológico-digestiva nos impida ver una posible salida razonable al serio problema del origen.


De natura Politicorum... O Sobre la Naturaleza de la Política
(y no jodan por el latin que me lo he inventado)


Oh hermanos… Quiero compartir una experiencia que tuve cuando traté de comprender el significado del término “Política” y todos sus macarrónicos vástagos derivados…

Me propuse una seria búsqueda intelectual, hermanos, alrededor de qué significaba "política". Escudriñé en las Ágoras griegas olorosas a ajo mediterráneo aquel significado agotador. Recorrí las inmundas calles de la podrida Francia post monsieur Guillotin buscando la encarnación de las insanas ideas Avantgarde de Rousseau y Montesquieu. Salté de las tan desesperadas como amargadas letras de Arendt a los mamotretos metafóricos de Habermas buscando una definición, un concepto, una idea, un pedacito de algo convincente, una uñita de redención. Penetré sin esperanza en el utilitarismo y en las flojeras desinfladas y tautológicas foucaultianas. Me asombré con las inocentadas de Hobbes y con las condicionadas pendejadas del marxismo (digo condicionadas porque es sabido entre los filósofos que para entender adecuadamente a Marx hay que leerlo con hambre. Obviamente nadie lo dice, es un saber de esotérico, para iniciados, por decirlo de alguna manera (al hacerlo público puedo meterme en problemas). Es fácil, de hecho, saber cuando alguien se prepara para un seminario universitario sobre el pensamiento de Marx, pues uno nota a la persona de un día para otro desgreñada, sin maquillaje, flaca y con ojeras (no hay gordinflones marxistas, el vocablo es una contradicción en los términos)).

Después de todos esos recorridos mentales (porque no es que crean que me leí en efecto toda esa enredadera) descubrí hermanos que todo estaba bien y mal al mismo tiempo hermanos porque todos los conceptos eran diferentes y al parecer nada se podía hacer para reconciliarlos. Sentía en mi espíritu todas esas ideas salpicar como gotitas miserables de agua fría en un horror de aceite hirviendo.

Así que tuve la intuición de hacer mi propia definición de "Política", oh hermanos. Una definición que recogiera lo más importante de cada definición encontrada y pudiera ser lo más general y amplia posible como para integrarlas a todas. Pero, sobre todo, que pudiera dar cuenta del fenómeno antropológico general que llamamos con desgracia "Política".

Creo que hoy, regocíjate lector mi hermano, al fin, lo he logrado. La definición universal general de "Política". Allí va (y no esperes un chiste idiota o una ironía pseudointelectual, hermano lector, porque esto va en serio): ¿Que es la Política?... “La política es todo conjunto de discursos y acciones humanas que tiene por fin evitar que las personas se saquen masivamente las tripas entre sí... y cuando tal cosa ocurre poder por lo menos justificarlo y que no lo jodan a uno por el asunto”.

Oh, hermanos, la sabiduría política de occidente en esa compleja oración resumida.

De aquí es posible también extraer una definición del término “moral” (que bastantes Mandrágoras, Cicutas, Tetrahidrocannabinoles, Masturbaciones y Valiums les ha costado a filósofos inmorales imaginar), pero para hacerlo tendría que extenderme, Oh hermanos, y no estoy de ganas ahora. Hay que dejar rumiar al burrito mental que todos llevamos dentro. (... Además si escribo largo después no me leen que pendejada los lectores).

Fin



PD: Que se jodan, se seguirá escribiendo largo (y en voz pasiva). Faltaba más, ya verán... Ahorita no más que me sienta mejor del estómago.

Mi Artista favorito

A riesgo de parecer monotemático presento la obra de arte de mi artista favorito... Bueno, y si me estoy gozando el asunto con el arte, ¿por qué tenerle miedo a ser o parecer monotemático?.
Al diablo con todos.…


Calvin lo llama
"El Tomento de la Existencia contrapuesto al Horror de No-Ser"



Declaración Aclaratoria de Cambiarte la Arenita relacionada con "Una Mierda de Artista"

Declaración Aclaratoria

Debido a la generosa cantidad de correos privados insultantes enviados por gente y artistas ofendidos, el autor de “Una mierda de artista” considera necesaria la siguiente aclaración, que es a la vez la culminación de un proceso iniciado desde la publicación de la entrada mencionada. “Una mierda de artista” es una pieza arte que explora la posición reflexiva del arte consigo mismo a través del estudio de las reacciones postraumáticas de los artistas ante la sátira ofensiva contra el arte y contra ellos mismos. A través de este mecanismo creativo he pretendido traer a la conciencia, en un contexto artístico virtual, la afirmación crítica del arte consigo mismo. Este mecanismo recuerda un poco la doble negación lógica (una ofensa y otra ofensa simétrica se anulan). Pero al contextualizarlo en la obra de Hegel pretendemos elevarnos más allá de la positividad encontrada en esa doble negación simple y elevarnos a un grado cuantitativo superior de reflexión sobre el arte. En efecto, es a través de este proceso de negaciones sucesivas que pretendemos hegelianamente reencontrarnos con el arte y su posición en nuestra vida. Así, la elección cuidadosa de los insultos y ofensas en la entrada respondía a un interés estético que motivaba la obra.

Agradecemos a todos los que con sus reacciones sirvieron a alimentar esta manifestación artística y se integraron de esta manera a mi obra de arte. Críticos y académicos interesados en hacer ensayos sobre la obra escribir a khelicerata@yahoo.es.

Latrodectus Sapiens

Artista

Una Mierda de Artista

Recetas concretas para tres Obras de Arte

Receta para la obra artística A: Coja un perro de la calle, amárrelo a una cuerda en una galería de arte, tómele unas fotos, haga correr el chisme que la obra de arte fue dejar morir al perro de hambre y deje que los medios de comunicación hagan el resto. Después diga que la obra de arte no fue propiamente hablando la instalación con el perro, sino toda la barahunda de críticas y cartas ofensivas que usted recibió, y que el asunto era mostrar la hipocresía de la gente, cuando ve a un perro moribundo por la calle, no hace nada. Pero que sólo falta que lo coloquen en una galería para que todo el mundo llore, maldiga y se arranque las vestiduras. El perro nunca murió realmente. Autor: Guillermo Habacuc Vargas.

Receta para la obra artística B: desnúdese con su pareja, se colocan de frente uno del otro a lados opuestos de la entrada de un edificio concurrido o galería de arte. Dejen sólo un pasaje estrecho para que los idiotas obligados a entrar o salir pasen de lado. Las personas deben elegir a quien le restriegan el culo: si a él haciendo que las tetas de ella rocen su pecho. O a ella, enfrentándose con el pipí del otro. Después (o antes) diga que todo es un performance que explora “las relaciones interpersonales derivadas de la diferenciación sexual en las sociedades modernas”. Haga que numerosos críticos escriban ensayos profundos sobre el sentido de la obra. Colóquele un título muy académico para motivarlos (Imponderabilia, por ejemplo). Autores: Marina y Ulay Abramovic.

Receta para la obra artística C: dispóngase en serio a cagar con un fervor sistemático. No lo haga en el inodoro, sino en un sitio donde usted pueda controlar el destino de la sufrida. Tome toda la mierda resultante y envásela en varios frascos, como atún enlatado. Firme las latas con su nombre y véndalas gramo por gramo a precio de oro. Justifique todo como la manifestación de la ruptura del límite entre la obra de arte y el cuerpo del artista, o como una manera autofóbica de crítica al propio arte contemporáneo. Hágase famoso (más famoso). Autor: Piero Manzoni… Italiano, tenía que ser.



10 Consejos Generales para el Artista Contemporáneo

1) Obviamente ninguna receta para hacer una obra de arte particular funciona si usted ya no es previamente un artista. Usted debe haber estudiado arte por lo menos, o ser famoso por algo. La gente que no es nada de eso no es que no pueda, sino que debe esforzarse más.

2) Es de importancia radical que todos sus trabajos estén acompañados de una justificación conceptual profunda que ojalá se conecte con aspectos esenciales, crueles, injustos, horribles o simplemente poco normales de su biografía personal o de la sociedad en que usted vive.

3) Usted está en búsqueda de algo, explorando algo, considerando algo, criticando algo, denunciando algo, sufriendo algo. Entre más palabras complejas y sinuosas usted utilice para describir ese algo, pues mejor. Si usted, para dar un ejemplo muy básico, hace una serie de esculturas de penes de colores (estilo Warhol), entonces realmente usted no esculpe penes de colores, usted lo que hace es "explorar el tema de lo masculino".

4) Este es un recurso maravilloso: saque las cosas de contexto, es decir, simplemente coja cualquier objeto cotidiano o fantochada y póngala en la sala de un museo o en cualquier otro espacio donde generalmente usted no espere verla. Hay que aprender del maestro Duchamp. Obviamente que si la gente ve una horrible y triste realidad cotidiana en la sala de un museo o un objeto muy cotidiano como unas toallas higiénicas usadas bien sanguinolentas encima de un platico con florecitas en la Sala Principal de la Bienal de San Patricio eso generará polémica, rechazo e interés de los académicos de variopintas áreas. (un grupo de alemanes vestidos de Ku Klux Klan caminando por las calles de un barrio de negros en el corazón de New York puede ser una jodida obra de arte). En pocas palabras, la gente hablará de usted. El éxito está garantizado. Tenga fe en los críticos.

5) Acompañe toda descripción de lo que hace con palabras que demuestren el poder artístico de su obra. Palabras como: “creativa”, “simbólica”, “deconstructora”, “exploratoria” son eficaces pues con únicamente con oírlas uno ya cree que se encuentra en frente de algo importante desde el punto de vista estético. En el límite usted hasta puede crear un movimiento artístico nuevo fácilmente. Al fin y al cabo si hay algo que sobra en este mundo son ideas estúpidas.

6) Sepa que lo que importa no siempre es lo que usted pone en la obra, sino que muchas veces lo más importante será lo que no se encuentra en la obra. De esta manera, siempre puede apelar al resto del universo físico e ideacional (a ese macroconjunto complementario de la obra) para encontrar más significados a su obra y contrarefutar a los que la critican o a los que ven en lo que usted hace una tontería. De hecho, si lleva esta idea al límite, su obra de arte no sería lo que usted pone en una instalación (puede incluso ser un espacio vacío), sino el resto del universo. Esto incluye lo siguiente: que cualquier reacción (es mejor decir "efecto post traumático") que la gente pueda tener, después de contemplar su obra, es parte de la obra (sea una reacción buena, mala, de escándalo, de indiferencia). Pueden suceder varias cosas. Por ejemplo, si usted pudo predecir la reacción, eso muestra su genialidad y confirma sus sospechas estéticas. Si por el otro lado la reacción es imprevista, entonces eso muestra que su obra es tan creativa y autónoma que ni usted la puede controlar. Si la gente se escandaliza y dice que lo suyo no es arte, entonces diga que su obra de arte consistió precisamente en "explorar los límites de lo artístico"... Siempre funciona. No importa qué suceda, usted siempre gana.

7) Insistimos en que obviamente todo debe ir acompañado con argumentos bien complejos. Haga uso de cualquier concepto filosófico, económico, religioso, histórico, político, antropológico que pueda encontrar. Ahora bien, lo importante no es que la obra sea la manifestación de un concepto o una idea, sino que se encuentre en los límites de dos conceptos o ideas en conflicto (puede que el único conflicto entre los dos sea la propia obra, da igual). Eso le dará a la obra una tridimensionalidad conceptual y un dinamismo crítico innegable. Lea mucho, o mejor, deje que los críticos lean por usted, dedíquese únicamente a hacer (o a no hacer) y guarde silencio.

8) Usted en el fondo sabe que todo lo que hace es una basura o sea que un poco de ironía sobre su propia obra ayuda cantidades, pues lo cubre a usted de un halo intelectual de sinceridad artística que lo hará más auténtico.

9) Cualquier idea estrafalaria, puerca, escandalosa, ridícula, polémica, antisocial que usted pueda realizar con su propio cuerpo es una obra de arte, un "performance". O si hace alguna cosa vándala y destructora sobre un lugar u objeto público entonces es una "intervención". El único requisito es que se encuentre la obra acompañada de dos párrafos bien poéticos o profundos que la describan, escritos por usted o por sus críticos (de nuevo muchas veces lo mejor es dejar que los otros interpreten lo que uno hace: los críticos y los profesores son los que mandan).

10) Sea valiente. A muchos se le ocurren estupideces, sea porque son bobos, o porque son enfermos mentales o porque simplemente se lo proponen, pero sólo pocos tienen el valor de exponerse a sí mismos (por convicción artística o por un afán pragmático, da igual) y correr con el riesgo de ganar fama, prestigio y dinero, o ser olvidados para siempre. No lo dude con esa idea heterodoxa, el éxito lo dirá. Lo importante es que se le ocurra a usted primero y que sea capaz de circunscribir un momento, un lugar y unas condiciones bien precisas para que su burrada se transforme en obra de arte. De todas formas, si fracasa, siempre puede escudarse usted en que es un artista incomprendido. Recordemos a Nerón y sus pantomimas mortales.

Reflexión

Cuando una amiga me contó lo de Imponderabilia (obra artística B), me preguntó - ¿de qué lado pasarías?, ¿de frente a la mujer o de frente al hombre? - Le espeté enojado con actitud wittgensteniana que las preguntas idiotas o sinsentido no tienen respuesta y que me dejara de preguntar payasadas. En seguida supe que mi respuesta no era contundente, era una respuesta mala, idiota y le seguía el macabro juego al asunto…

- ¿De qué lado pasaría usted? -

Lo del perro de Habacuc es otra cosa más patética aún. Me llegaron las fotos del perrito y me escandalicé, me horroricé, casi parto la pantalla del computador de la ira, después me entero que todo era un montaje y hasta aparecieron cartas de la galería y de los jurados de la exposición certificando que todo fue un engaño mediático, y que la obra de arte fue precisamente el show desesperado armado por todos, incluyéndome que le mandé un correo lleno de rabia a mis amigos. Resultó entonces que nada fue real, el perro nunca murió.

Pero… ¿Cómo diablos sabe uno qué es lo real y qué es lo ficticio? Sinceramente uno no sabe. Todo puede ser un montaje, incluso la declaración de los jurados y de la galería (sobre lo del perro) podría ser un montaje para encubrir el hecho de que el perro realmente murió (según lo que yo puedo saber, puede que la galería ni exista). No estoy diciendo que sea así, solo apunto al hecho de que podría ser así. Que la gente crea en los medios es una realidad inevitable, algo que no proviene de la maldad capitalista de los tiempos modernos, sino que es fruto de una constante de nuestra naturaleza humana. Esa inocente pasividad del humano frente a lo que escucha sólo la cura la ironía y muchas veces la indiferencia, y aún así con años de aquello es imposible distinguir la realidad de la mentira, porque no hay punto de referencia con qué distinguirlas (no nos molestemos en refutar al que piense que existe tal punto de referencia).

Habacuc nos engañó a los sensibles utilizando los medios de comunicación. Muy bien, acepto mi inocencia sobre el asunto y la de mucha gente. Armó una estrategia inmensa para mostrar de lo que son capaces unas cámaras, dos pronunciamientos enigmáticos suyos sobre el destino del perro, y lo que él llama la hipocresía de la gente que sólo se preocupa por un perro flaco cuando lo ve en una sala de exposición amarrado inocentemente.

Pero, también hay que ver que se pueden encontrar muchos activistas que protegen los derechos de los animales a capa y espada, a corazón y hierro, y que son capaces de rescatar pollos de las granjas y vacas de mataderos. Así como gente que rescata perros de morir hambrientos y solos. Tengo una amiga que le dicen loca porque llora cuando ve un perro flaco por la calle y se lo quiere llevar a su casa, y que ya no puede tener más perros porque no tiene ni dinero ni espacio suficiente para más. A esos, a esos que no son hipócritas sino almas sensibles y decididas, también los embaucó, y allí no veo moral alguna que justifique la porquería de Habacuc, sino triste engaño y manipulación de sentimientos.

A fin de cuentas, no veo qué pueda decirse sobre el valor artístico de amarrar un perro huesudo, tomarle fotos y rajar de la ingenuidad e indiferencia del prójimo. Yo allí no veo obra de arte alguna. Pura bobada.

Mi amigo M me decía, al contarle la idiotez de Imponderabilia, que él si sabía cómo pasar por entre esos dos pendejos: pasaría de frente, no de lado, los empujaría y los haría caer si fuera necesario, por estorbar el jodido paso. Esta actitud sincera, proba y recta es una muestra de cómo hay que tratar ese tipo de arte. Lástima no haber tenido yo esa intuición tranquila cuando me preguntaron.

Sobre coger un tarrito y meter en él una mierda de artista no creo que haya que decir mucho, con recordar el asunto es suficiente.

Aquí es donde se supone que comienzo a rajar con sorna y grosería desmedida del arte contemporáneo, del arte conceptual, de los performances y toda esa carajada, pero no. Ya que no soy experto no tengo argumentos, así que me callo. No tengo ni idea qué es arte o qué es artístico, no pretendo saberlo, no me interesa, estoy desinformado y soy un ignorante, y  lo más probable es que también ignore qué tan ignorante soy.

Pero tengo derecho a expresar lo que, por mi propia cuenta, considero como arte.

Aclaro, no tengo una definición de lo que es una obra de arte, no creo que sea posible definir qué es el arte en general. Pero tengo un criterio (imperfecto) para decidir automáticamente, instintivamente, frente a algo que se me presente, si es una obra de arte o no. De nuevo me resguardo en las palabras de la autoridad:

La autentica obra de arte es aquella de la cual podemos decir sin error, antes de verla, que su existencia es imposible”.

Interpreto esto así: la obra de arte es un milagro hecho carne, una explosión de asombro que nos permite vislumbrar algo sorprendente. La obra de arte debe destruirnos, partirnos en pedazos. Ella nos alimenta hasta la gula o nos reduce en un segundo a la miseria. La obra de arte es irracional, oscura o luminosa, pero no tenue. Ella es un choque eléctrico en el cuerpo o en la mente. Una obra de arte nos deja atormentados, al borde de la locura, violentos, angustiados. Aquí no valen sentimientos mediocres. Sin sangre, terror, llanto o asombro no hay arte, la belleza no es suficiente… La obra de arte lo es porque antes de ella su existencia era imposible para nosotros, y ahora la vemos, y sigue siendo imposible, pero la vemos, la oímos, la tocamos, esa increíble contradicción nos parte, nos doblega, y caemos de rodillas. El universo por definición ya no es el mismo: o estamos más solos o somos parte de algo nuevo.

Una lista de obras de arte: el primer movimiento de la 5ta de Beethovenn (interpretado por Karajan/Berlín), el jardín de las delicias de El Bosco, el Tractatus Logico Philosophicus de Wittgenstein, algunas de las litografías de M. C. Escher, un tiburón, una medusa, el cuerpo de una mujer, una escolopendra, un agujero negro, el sistema de las tres críticas de Kant, la explosión de una bomba de hidrógeno…

Ahora bien, ¿este criterio va en contra del llamado arte contemporáneo (performances, happenings, arte conceptual y similares)? No. El problema de este tipo de arte no es su justificación teórica ni su naturaleza. Para mí un concepto puede ser arte, una acción puede ser arte, la línea entre arte y realidad no debería existir: la fotografía muestra eso y ella es un medio artístico legítimo. El problema es otro. El problema es la facilidad, lo inocuo, la intelectual insipidez de las ideas que conforman las piezas de ese arte, y de otros movimientos artísticos, tanto nuevos como viejos.

Lo otro realmente patético es la horrible majadería de estos artistas. Digo por ejemplo que un cuerpo de mujer es una obra de arte. La bobada está en coger una mujer, desnudarla en un museo y ponerle la firma de uno en el costado (otra joya del italiano dueño de la mierda de artista, Piero Manzoni, vean la foto que es genial (por lo idiota, por supuesto)).

¿Que pasa con el artista mismo en esta idea de arte que profeso religiosamente? Puedo hablar de mi experiencia: mis propios escritos literarios son el intento de alcanzar ese irracional asombro de lo artístico. No sé si lo logro y nunca lo voy a saber por mi propia cuenta. Esa es la gran tragedia de la persona que desea alcanzar el arte por sus propios medios. Pues en la medida que saco un relato de mi mismo, en la medida en que lo medito, lo produzco y lo redacto, ya lo he integrado en mi visión de las cosas. El texto se vuelve de inmediato natural y nunca llega a ser asombroso ni imposible para mí, sino vano, aburrido, soso, predecible. Cualquier supuesto artista que se vanagloria de su obra se engaña a sí mismo, porque en principio la supuesta grandeza de su obra le está prohibida. Todo aquel que pretenda ser artista está condenado al fracaso espiritual, con talento o sin él.

Es de resaltar que el criterio ofrecido es bastante exigente. Allí no cabe mucho de lo que se considera generalmente arte. Prácticamente todo lo que llamamos arte sufre de esa insipidez que el arte contemporáneo sólo heredó y transformó en su marca distintiva. Si se trata de distinguir entre arte y no arte, haríamos bien, para evitar que el inocente se equivoque, en pasar por el fuego la Gioconda de Leonardo, todos los cuadros de van Gogh, la obra entera de Picasso habría que pasarla por las llamas. En Colombia, Botero, Grau, no soportarían 3 segundos en la llamarada. Les prendería fuego sin dudarlo. Todo ese arte mediocre, vano, aburrido. Luis Caballero se salvaría del fuego sin lugar a dudas.

Por mi parte utilizaría la envasada mierda de artista para cubrir los desabridos lienzos en galerías enteras, con un pincelito no dejaría un color o una línea sin ser tapado por una mierda de artista. Cantidad de esculturas serían derrumbadas y cuadros pisoteados. Tomaríamos toda esa basura resultante y la inmolaríamos en una hoguera colosal, que la inmensidad de las llamas se transforme en nuestra verdadera obra de arte. Quemaríamos bibliotecas enteras de estupideces buscando un relato de Borges, buscando sumergirnos en los laberintos horribles de la Odisea, beber del cráneo ensangrentado de Poe, arrancaríamos y pisotearíamos páginas enteras de la poesía de Baudelaire buscando ese verso solitario que lo justifique como artista. Buscaríamos afanosamente a Carroll para salvarlo de la hoguera, y ese cuento de Quiroga que nunca olvidaremos. Tomaríamos todas las antologías literarias y las echaríamos al fuego, sin leerlas, sin dudarlo. El resto de las cosas, todo lo que antes se llamaba arte alimentaría esa hoguera impía por días enteros.

Al final dedicaríamos ese sacrosanto fulgor al dios que se encuentra detrás del verdadero arte. El verdadero arte que sólo atiende, sumiso, a un dios de blasfematorias exigencias.

¿Por qué no soy vegetariano?



Voy al veterinario a operar a mis hijas gatas y llega un señor con dos perritos cachorros muy bonitos. -¿para qué los trae?-, pregunta el asistente del veterinario. El “dueño” de los animales contesta con aire de suficiencia y orgullo -Corte de cola-. Veo los perritos y son hermosos. Acepto que los perros no me caen del todo bien, pero me pregunto: ¿con qué oscuros principios estéticos hemos decidido que tenemos derecho a mutilarle la cola a un animalito de esa manera? Agacho mi cabeza para procurar no ver la transacción sin sentido de sangre y dinero (una similar a la que yo estoy dispuesto a realizar con mis gatas), pero me encuentro con otro perro, Rocco. Rocco es un perro homicida que al pelear con otro de sus congéneres por el derecho a ultimar a un gato se quebró una pata. Rocco es uno de esos perros inmensos, arrugados, de narices chatas. Su rostro se ve triste y perdido, reconozco que no es sólo por el dolor del hueso lastimado. En su rostro lleva las señales distintivas de las originales y extravagantes maniobras que el hombre ha realizado sin piedad por siglos sobre esa especie animal, los lobos (Canis lupus). Lobos de patas cortas que no pueden casi caminar, lobos de piel arrugada y plegada con problemas de infección cutánea, lobos con instintos asesinos tan desarrollados que cuando muerden no sueltan la presa, lobos inteligentes para recoger pelotas lanzadas por idiotas desocupados, lobos enanos de juguete que nacen con anomalías como la hidrocefalia (el chihuahua, por ejemplo). Usted quiere un perro, díganos cómo lo quiere y denos unas cuantas generaciones y nosotros le creamos su perro de patas cortas para que se vea siempre como un cachorrito, sin cuello para que no pueda agacharse a comer nada del suelo, de pelo largo para que se sienta suave pero no mucho para que no se ensucie tanto, y sin dientes para que no lo muerda. Pero, tranquilo que igual lo cruzaremos con estas razas sumisas para que sea un perro tonto, y de por vida falto de afecto. Sólo ofrézcanos el tiempo suficiente. Pero, con todo y eso, necesitamos además cortarles la cola apenas nacidos. Qué puedo agregar, nosotros los humanos somos todos unos malparidos.

Es muy fácil sentir afinidad con los perros, las vacas o los pollos. Al fin y al cabo tienen cerebro y podemos ver en sus ojos rastros de angustia y dolor. Pero el ser humano es demasiado obtuso, demasiado vil y puerco para entender las cosas desde una perspectiva más amplia que sus órganos reproductores.

Hace poco me mandaron unas fotos sorprendentes. Eran esculturas hechas en un árbol, en un árbol vivo. Mutilaban el tallo creando formas extrañas, y el árbol para protegerse de las infecciones volvía a crear corteza, eso dotaba obviamente a las esculturas de una textura peculiar. Cortar tallos, destruir tallos, mutilarlos… Obras de arte. Qué puedo agregar, nosotros los humanos somos todos unos malparidos.

A veces nos es difícil darnos cuenta que los árboles y las plantas son también seres vivos que comparten código genético con nosotros. Es difícil ver un árbol y sentirse sensibilizado: es una cosa que no se mueve, que casi no produce calor, que no tiene sistema nervioso central y carece de ojos. Los protegemos porque cumplen una función importante en nuestro ecosistema, aunque muy pocos consideran que pueden sentir. Pero, inclusos los que piensan que los árboles pueden sentir se comen el pepinillo y condimentan la pasta con orégano.

¿Qué se debe concluir, que debemos morirnos de hambre para no tomar vida alguna de los seres? Algún idiota podría afirmar ahora que entonces debemos convertirnos en frugívoros, comer sólo frutas. Al fin y al cabo los árboles las producen para ser comidas por animales, y de esa manera propagar sus semillas en las heces.

Este es un punto importante. No estoy queriendo decir que no haya razones para ser vegetariano, de hecho las hay. El vegetarianismo es una forma, acomodada, bastante inútil creería yo, de protesta contra la crueldad de los hombres contra cierto tipo de organismos que, en nuestra jerárquica ontología de seres, tienen una posición privilegiada: como vacas, peces, cerdos y pollos. 

En términos biológicos y espirituales comerse un ajo es para mi algo igual de terrible que saborear un filet mignon a la pimienta. Porque lo realmente terrible no es comerse una vaca o un ajo, sino lo que hay detrás de ello: detrás de la vaca las granjas genocidas de animales, detrás del ajo: la agricultura masiva moderna industrializada.

Si de salvar especies se trata no hago mucho si dejo de comer carne. El daño de la agricultura es mayor, con ella no sólo se extinguen especies de plantas salvajes al volver la violenta e indomable tierra virgen en monótono terreno cultivable, sino que se destruyen los hábitats de muchas especies. Yo, particularmente, prefiero ser degollado a cuchillo, prefiero eso, a morir de hambre o contemplar mi forma de vida extinguirse poco a poco, como una vela metida en un cuarto sin oxígeno, como está pasando con las abejas.

Me permito recordar sucios detalles: antes de la agricultura (que aparece hace 9.000 años más o menos, en una etapa ya tardía de nuestra evolución cultural) el hombre era, muy al principio, carroñero. El comer altas dosis de proteína de carne fue lo que nos permitió desarrollar nuestro cerebro, ser inteligentes y vanagloriarnos de nuestra consciencia. Luego pudimos cazar y aumentar los niveles de alimento disponibles, pero nuestra vida estaba condicionada por el medio de vida del cazador, y por los recursos que teníamos. Que no se entienda tampoco que hago apología de la carne, sólo menciono que antes de la agricultura los seres humanos no tenían los medios para formar las grandes aglomeraciones chancróticas que fueron las grandes civilizaciones antiguas, lo que más adelante se transformará en imperio romano, cultura medieval, y por último, la ciudad, la cima del culo civilizado del mundo moderno que copula sin descansar con el pene torcido de la industrialización. Todo esto fue posible gracias a la maldita agricultura.

Gracias a ella, la agricultura, el Homo Sapiens empieza a consumir grandes cantidades de alimento sin fin. El Homo Sapiens ya no debe cazar su alimento, no tiene que luchar por el alimento, ni vencerlo en su terreno a punta de lanza, fuego y a veces su propia sangre. El Homo Sapiens puede ahora consumir grandes cantidades de ricos carbohidratos impensables para el carroñero o el cazador, engorda, se reproduce en legión, se vuelve sedentario, cómodo, se vanagloria de su comodidad, se empieza a considerar superior... El Homo Sapiens puede ahora conservar el alimento en graneros, lo que no pasaba antes porque la carne se pudre con rapidez. Llegan las grandes acumulaciones de humanos alrededor de las tierras cultivables. El Homo Sapiens contempla al mundo ahora poco a poco transformándose a su imagen y semejanza. en efecto, la agricultura nos obliga a encontrar formas de control de la tierra, sistemas de riego, desvío de ríos, presas, ella fue la puerta a la dominación de lo natural, ¿será que mi punto es ya comprendido? …. El descubrimiento de la capacidad para modificar el entorno nos permite crear también tierras de pastoreo, y someter por fin al animal transformándolo en ganado... 

Dios mío, temo que no podamos deshacernos del Hombre porque no hemos podido suprimir la Agricultura.

El problema no está en lo que comemos. El problema está en que somos un montón, y además somos un montón de acomodados que, desde el punto de vista de la naturaleza, no ha tenido que luchar por el pan que llega a su boca. Mientras seamos tantos habrá que que alimentar a demasiadas bocas, y mientras sea así, existirán mataderos, granjas y áridas zonas de cultivo que deberían ser todas maldecidas.

Yo, por mi parte, desearía que la humanidad volviera a ese estado salvaje de población reducida donde debía cazar a muerte para vivir y donde sólo necesitaba recolectar los frutos que encontraba. En un mundo salvaje ideal las vacas serían salvajes. Si renunciamos a la agricultura no podríamos someter al ganado, habría que cazarlo a la mala. 

Si alguien me dice que precisamente por ser más evolucionados biológica y espiritualmente que los demás animales estamos en capacidad de desligarnos o por lo menos alejarnos de esa cadena horrible y maravillosa de intercambios de vida/muerte naturales, si alguien me dice eso, yo le diría con toda sinceridad que se dedique a otra cosa más fácil que pensar... ¡Ja!, hombres como "animales civilizados racionales, bondadosos y conscientes": es tan ridículo que ni ganas de reírse dan. Curioso que se mencione esa razón sin darse cuenta que al emitirla ya se pone al ser humano por encima del resto de las criaturas vivas.

Por eso es que lo de ser frugívoros es una tontería. Igual para alimentar a todas esas bocas nuestras con frutas sería necesario destruir ecosistemas por bultos, más rápido que lo que se degüellan pollos. Por eso es que el vegetarianismo es un simple modo de protesta. No defendemos mucho al medio ambiente siendo vegetarianos, sólo protestamos contra la crueldad, y esa es una protesta ingenua, boba, servil, cómoda. 

Si nuestra sociedad torturara niños para cocinarlos, comerlos y comercializar su piel. Habrían algunos que se limitarían a no comer carne de niño y a no vestirse con niño, y habría algunos más activistas que pegarían carteles, pintarían paredes con tonterías, y dirían después que ellos hacen parte de la solución y se jactarían con vanagloria de que ellos no comen niños porque qué crueldad con los niños, por último nos invitarían a todos a ser como ellos. Que puedo decir, los seres humanos somos todos, sin excepción, unos malparidos.

Es cierto que no todos los activistas son así. Las acciones de muchos han contribuido al cierre de granjas homicidas de pollos, por ejemplo. Algo muy loable, pero igual de inútil. Porque el asunto es la demanda: cierras una granja y abren otra, o la demanda de la que cerró la suple otra granja donde más gallinas serán descuartizadas y más huevos serán criados y más pollos serán mutilados por el pico para satisfacer esa demanda. Salvar a un ser para que otro ser sufra es algo, sino moralmente erróneo, bastante discutible desde el punto de vista pragmático: como arroparse la cabeza con la sábana para protegerse del frío, pero al jalarla destaparse los pies.

Hagamos de cuenta que nos concentramos en la demanda entonces, en la gente. Hagamos de cuenta que la utopía vegetariana se cumple y logramos convertir al vegetarianismo a todas las personas de un país. Listo, eso es mucho porque varias granjas de pollos desaparecerían y no serían reemplazadas. Pero la gente debe alimentarse (igual que los animales liberados), y allí entra la agricultura. Hemos acabado con una dimensión del problema, pero no con el problema, no con su fuente. Al problema le salen nuevas cabezas cada vez que cortamos con complacencia una. Suprimimos la crueldad frente a una especie, pero por el otro lado seguimos destruyendo el medioambiente con los métodos homicidas y genocidas de la agricultura, muchas especies morirán como ya lo hacen otras. 

De nuevo, la fuente turbia del problema: somos un montón. 

Al que diga que las tierras de pastoreo desaparecerán y que eso ya es un bien para el planeta, le diría que para mi que esas tierras se utilizarán para suplir el aumento de la demanda de productos esenciales para la dieta vegetariana, como la soja, por dar un polémico ejemplo (sólo un ejemplo porque hay que hacer la cuenta de todos los productos cuya demanda aumentaría). Ahora utilizamos la soja para alimentar pollos, mañana para alimentar nuestra demanda y nuestra sobrepoblación en crecimiento, incluyendo la animal. Porque además, ¿las vacas que vas a liberar, las vas a matar para que no pastoreen ellas mismas y se reproduzcan sin control? 

¿Vamos a dejar que las miles de millones de vacas que existen en granjas ahora mueran de hambre después de liberadas? ¿Vamos a alimentarlas? ¿Vamos a proveerles de tierras de pastoreo para que se reproduzcan? Tendremos que sembrar soja en otro lado entonces, además de la que ya usamos para pagar nuestra deuda histórica con la especie bovina alimentándola.

El hecho horrible y esencial de nuevo es que somos montón y alimentarnos con sólo vegetales no va a acabar con eso, por mucho que digamos que podemos aminorar el daño. Podría mencionar eternos problemas medioambientales y manifestaciones humanas de crueldad que parten de ese hecho (de ser legión) y que no se encuentran relacionados con lo que nos metemos a la boca. La Hidra se niega a morir.

¿Qué se propone entonces? ¿Qué debemos hacer? Yo no propongo nada ni muestro ninguna solución. Creer que lo que hacemos sirve para algo, a secas, sin autocrítica o reflexión, es para mi sospechosamente conveniente. Ideológico. Por mi parte sólo logro convencerme que no hay que hacer nada. No hay que moverse para nada. Todo lo que hacemos esta mal, y si no esta mal, bien podría tener un efecto contrario al que deseamos. El nivel de crueldad humano en este mundo puede repartirse mejor, disiparse hasta que los propios ojos humanos no lo reconozcan, pero no deja de ser el mismo (como la energía). No dejará de ser el mismo hasta que dejemos de ser tantos como somos. Aunque sería bonito, tampoco propongo que nos matemos unos a otros para disminuir nuestra población, tengo mis propias razones.

Mi posición es una posición difícil, que se autoanula, se autosuprime. Pero cuando se autosuprime me contemplo aislado en mi desnudez de humano: sin argumentos, vivo, cruel, destructor de mundos, como todo el resto de los organismos de este planeta, como todos los demás humanos y sin remedio. Acusados por una visión demasiada bondadosa y complaciente que tiene el ser humano de sí mismo, movidos por una visión que promueve la compasión, el humanismo y la razón como valores civilizados humanos, somos incapaces de vernos a nosotros mismos en nuestra humildad: pertenecientes a un todo, a un proceso que no nos pertenece y al que queremos dominar con cualquier herramienta, incluso la bondad. Cuando la vida por el otro lado es injusta, cruel, desastrada y violenta: en pocas palabras, hermosa.

Felizmente mi posición es también inútil, existencialista, parcial, autofágica, incoherente, estrecha e injusta. Mi posición en últimas es sólo mía y no pretendo que nadie la asuma como suya. Ese pesimismo que profeso, sin embargo, oculta una posición espiritual y religiosa positiva: la acción es el refugio de las inteligencias asustadas, fruto de una creencia excesiva en la estabilidad de las cosas. Tengo fe en que esta mierda mamífera caerá sola cuando menos lo pensemos.

PD (unos años después): hace poco escribí algo que, aunque revisa algunas posiciones sostenidas en este escrito, mantiene las mismas ideas y conclusiones. Lo comparto con ustedes:

Hoy se celebra el día del no consumo de carne. Día que es aprovechado por los vegetarianos y las organizaciones animalistas para propagar su revolución alimenticia. La idea es prescindir del consumo de carne y transformar nuestra dieta en vegetariana. Aunque no soy vegetariano simpatizo con este tipo de grupos hasta cierto punto. Creo que efectivamente una dieta vegetariana global ayudaría muchísimo a disminuir la crueldad hacia millones de vivientes que a diario son sacrificados para proveernos de músculos y vísceras para nuestro consumo. Sin embargo, creo que es importante también despojarnos del mito de la limpia conciencia ecológica y ética que muchos pretenden tener sólo por ser vegetarianos. Porque si bien una dieta vegetariana es deseable, no por eso es la solución real y definitiva a la brutalidad humana que tiene orígenes mucho más diversos y terribles. Una muestra de ello es precisamente la agricultura, que es la base de la dieta vegetariana. No es un misterio el daño ecológico que la agricultura a gran escala ocasiona: la tala de bosques, la remodelación de los ecosistemas naturales para abastecer de agua a la producción, la salinización y la erosión del suelo, el impacto negativo de los fertilizantes en la tierra, el aumento del CO2 causado por la maquinaria de la industria, los plaguicidas… Mucho más importante para evaluar la viabilidad ética de la agricultura a gran escala es lo siguiente: todos los elementos antes mencionados, tala de bosques, etc, son causa de la eliminación virtual de la faz del planeta de cientos de especies animales y vegetales. Las mismas especies cultivadas sufren de una violencia atroz al suprimirse su biodiversidad, pocos saben por ejemplo, que el 90% de los bananos que se consumen son meros clones de una sola planta, de una sola cepa, la biodiversidad de la especie fue suprimida para favorecer la efectividad del cultivo y el control sobre éste. Que cambiemos nuestra dieta por vegetariana claramente disminuiría el impacto negativo de la agricultura, ya que dejaríamos de alimentar animales para nuestro consumo, y nos alimentaríamos directamente de la fuente energética producida por la base de la pirámide alimenticia. Pero el daño no se reduciría en un porcentaje significativo, porque el problema de fondo son los más de 7.000 millones de seres humanos cuyo número sigue aumentando diariamente en proporciones ridículas y notoriamente irracionales. Es deseable, por supuesto, una disminución del impacto al cambiar nuestra dieta. Pero pensar que suprimir la dieta carnívora por una vegetariana resuelve el problema de fondo, pensar que el planeta puede seguir manteniendo tantos organismos humanos sin perjuicio para el resto de las especies, comamos lo que comamos, es muestra de una carencia de pensamiento que realmente causa pavor. No puedo dejar de insistir en la cantidad de animales y plantas que mueren anualmente porque sus ecosistemas: bosques, pantanos, praderas, son usados para la agricultura. Las evidencias y los datos están allí, sólo hay que detenerse a buscarlos: cuántas hectáreas de bosques, por dar un ejemplo, son destruidos anualmente para proveer de tierra a la agricultura. Tampoco puedo dejar de pensar que la violencia que se ejerce contra estos insectos, pequeños mamíferos, arácnidos, reptiles, hongos y plantas, abandonados a la muerte por causa de la desaparición de sus hogares, incluso ellos mismos quemados vivos al ser destruidos los bosques donde habitan, no puedo dejar de pensar, decía, que esa violencia es igual de espantosa que la que se ejerce contra pollos y vacas en las granjas de cría y en los mataderos. Tal vez es una violencia más silenciosa, menos evidente, pero no por eso menos brutal. Es cierto que los avances científicos han disminuido el impacto de la agricultura moderna industrializada, pero no por eso han detenido el proceso que tiene como base, de nuevo, un aumento poblacional que desafía nuestra propia autocomprensión como seres racionales. Diariamente millones de seres vivientes son sacrificados para garantizar nuestros estilos de vida, y no sólo me refiero a la agricultura, sino a una gran diversidad de productos químicos naturales que son procesados para satisfacer la industria moderna. La industria del carbón y del petróleo, por dar sólo el ejemplo más vívido, cobra sus muertos, vegetales y animales. Y esta industria es sólo la punta de un negro iceberg de oscura muerte. Nuestros propios asentamientos artificiales (las ciudades) han sido y serán la causa de la muerte de millones de seres vivos no humanos. Para nadie es un secreto la cantidad de especies que se han extinguido a lo largo de nuestra historia, y por nuestra culpa. De tal forma que para algunos incluso estamos viviendo ya una nueva gran extinción masiva de especies, especies que mueren abandonadas en el “mundo humano”. Una extinción masiva esta vez provocada por la especie dominante del planeta, acontecimiento único en la historia de cientos de millones de años de la evolución de la vida en la tierra. Si debemos pensar radicalmente, si de verdad estamos interesados éticamente en la compañía de los millones de seres vivientes que junto a nosotros habitan este mundo, la verdadera revolución no está en los platos de comida sino, permítanme la expresión vulgar, en los catres. La urgente exigencia mínima es disminuir, sino suprimir, el aumento demográfico. La exigencia real sería no sólo suprimirlo, sino invertir el proceso. ¿Quién se atrevería a contemplar la posibilidad de una política global, radical, sistemática, estricta, y autoritaria, una verdadera revolución violenta contra nuestra propia especie que disminuya nuestro número, de más de 7.000 millones, a por ejemplo, unos estables 800 millones? ¿Quiénes están realmente dispuestos a, en cierto sentido, “sacrificarnos a nosotros mismos” para permitirle una vida próspera a los demás vivientes? Permítanme, ahora sí, un poco de irónico y silencioso escepticismo...