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Hola, este cuerpo se llama...



En la punta del dedo me sale una cosa rara, una costra dura y reseca.

-Es un hongo -me dicen-, esta crema te sirve.

Me echo la crema con juicio metódico y a los pocos días el hongo desaparece. Tengo tiempo de reflexionar sobre la situación. Obviamente el hongo estaba jodido. Lo siento mucho por él. Los hongos me caen bien. Al principio cuando no conocía qué eran, y como cualquier ignorante los relacionaba con los vegetales, me parecían la cosa mas aburrida de este mundo, y no entendía cual era la fascinación de, por ejemplo, los Pitufos con esas cosas en forma de paraguas (tal vez eran hongos alucinógenos los que ellos ahuecaban para convertirlos en su hogar, tal vez por eso parecían siempre tan contentos). Pero cuando me enteré que los hongos no eran plantas, y que estaban más cerca de los animales que de cualquier otra cosa, empezaron a fascinarme estos heterótrofos inmóviles con almas de buda.


Pero ese embrujo que ejercieron sobre mi no llega hasta el punto de permitirles ahora que se alimenten con mi cuerpo. En ese momento de la reflexión, mi mente da un salto y empiezo a pensar en lo que acabo de decir. En mi cuerpo. No yo, sino mi cuerpo. ¿Cómo es posible hacer tal diferencia?


Nuestra vida tranquila en el mundo ordinario se fundamenta en varios axiomas que hemos aprendido de una u otra manera y que definen nuestras experiencias. Creo que uno de esos axiomas es la diferencia entre nuestro yo, y nuestro cuerpo. No hablo de la dicotomía filosófica mente/cuerpo (y su tercer término, el puente conceptual entre los dos: el dolor). Sino de otra cosa tal vez más profunda.


Estamos tan acostumbrados a distinguir entre nuestra conciencia individual y nuestro cuerpo, que es muy fácil escapar montados en una nube de ambigüedades semánticas cada vez que algo como un hongo nos invade. Nos es difícil comprender que ese hongo nos carcome a nosotros. No a nuestro cuerpo, sino a nosotros. Hemos sido enseñados a separarnos de nuestro cuerpo cuando esta dañado, cuando esta cortado, sangrando. Nos hemos preparado para evadir el hecho que este cuerpo no es un vehículo de carne en el cual soportamos la vida, sino que de hecho no somos sino vehículos de carne, sin frenos, que se dirigen hacia un sólido muro.

Los animales, los virus y las enfermedades nos corroen desde dentro. Esa llaga en tu pie es tuya, las bacterias en ella te mastican, tu eres la llaga. Tu conciencia no es sino la suma de múltiples pústulas acumuladas.


Si diariamente pensáramos a conciencia en estas reflexiones, de por sí tan obvias, nuestra vida estaría llena de terror y oscuridad. Ahora me aterrorizo hasta cuando descubro un mosquito bebiéndome, y me pregunto, ¿que otras entidades oscuras esperan para vaciar mi existencia?


Me alimento, me consumo, me bebo y destrozo mi ser bajo el asfalto. Soy presa de mi mismo, pues mi único fin es poseerme, poseer la carne que soy, lo inflado de mi vientre, el dolor en mis intestinos, el medicamento para la depresión que consumo y el pene que reviso todas las mañanas al bañarme. Todo eso soy. Yo soy. Aquí estoy en mi sangre, en mis heridas, en mi podredumbre. Le he ganado la partida al hongo, pero no al mosquito, no a la bacteria anónima que llega a mi mano después de saludar a otra persona, y que llevo a mi boca sin querer minutos después. Esa bacteria ahora soy yo, y tengo intenciones de destruirme. Mi Cracoucas personal.


Así como las cosas se impregnan de terror al reconocer la evidencia que yo soy mi cuerpo, así también experiencias de otro tipo adquieren un matiz nuevo: la alimentación, el beber agua, el sexo por medio del cual penetras, muerdes, lames y aprietas a otro existir...


fin




PD: A propósito, eso de los pitufos y sus hábitos alucinógenos no era en serio. Sé de pitufo-poeta, de pitufo-carpintero, pitufo-tontin, la nana-pitufo y papa-pitufo, hasta pitufo-filósofo, pero nunca supe de la existencia de pitufo-paranoico o pitufo-esquizo.

No creo realmente que consumieran setas tóxicas.

¿Por qué no soy vegetariano?



Voy al veterinario a operar a mis hijas gatas y llega un señor con dos perritos cachorros muy bonitos. -¿para qué los trae?-, pregunta el asistente del veterinario. El “dueño” de los animales contesta con aire de suficiencia y orgullo -Corte de cola-. Veo los perritos y son hermosos. Acepto que los perros no me caen del todo bien, pero me pregunto: ¿con qué oscuros principios estéticos hemos decidido que tenemos derecho a mutilarle la cola a un animalito de esa manera? Agacho mi cabeza para procurar no ver la transacción sin sentido de sangre y dinero (una similar a la que yo estoy dispuesto a realizar con mis gatas), pero me encuentro con otro perro, Rocco. Rocco es un perro homicida que al pelear con otro de sus congéneres por el derecho a ultimar a un gato se quebró una pata. Rocco es uno de esos perros inmensos, arrugados, de narices chatas. Su rostro se ve triste y perdido, reconozco que no es sólo por el dolor del hueso lastimado. En su rostro lleva las señales distintivas de las originales y extravagantes maniobras que el hombre ha realizado sin piedad por siglos sobre esa especie animal, los lobos (Canis lupus). Lobos de patas cortas que no pueden casi caminar, lobos de piel arrugada y plegada con problemas de infección cutánea, lobos con instintos asesinos tan desarrollados que cuando muerden no sueltan la presa, lobos inteligentes para recoger pelotas lanzadas por idiotas desocupados, lobos enanos de juguete que nacen con anomalías como la hidrocefalia (el chihuahua, por ejemplo). Usted quiere un perro, díganos cómo lo quiere y denos unas cuantas generaciones y nosotros le creamos su perro de patas cortas para que se vea siempre como un cachorrito, sin cuello para que no pueda agacharse a comer nada del suelo, de pelo largo para que se sienta suave pero no mucho para que no se ensucie tanto, y sin dientes para que no lo muerda. Pero, tranquilo que igual lo cruzaremos con estas razas sumisas para que sea un perro tonto, y de por vida falto de afecto. Sólo ofrézcanos el tiempo suficiente. Pero, con todo y eso, necesitamos además cortarles la cola apenas nacidos. Qué puedo agregar, nosotros los humanos somos todos unos malparidos.

Es muy fácil sentir afinidad con los perros, las vacas o los pollos. Al fin y al cabo tienen cerebro y podemos ver en sus ojos rastros de angustia y dolor. Pero el ser humano es demasiado obtuso, demasiado vil y puerco para entender las cosas desde una perspectiva más amplia que sus órganos reproductores.

Hace poco me mandaron unas fotos sorprendentes. Eran esculturas hechas en un árbol, en un árbol vivo. Mutilaban el tallo creando formas extrañas, y el árbol para protegerse de las infecciones volvía a crear corteza, eso dotaba obviamente a las esculturas de una textura peculiar. Cortar tallos, destruir tallos, mutilarlos… Obras de arte. Qué puedo agregar, nosotros los humanos somos todos unos malparidos.

A veces nos es difícil darnos cuenta que los árboles y las plantas son también seres vivos que comparten código genético con nosotros. Es difícil ver un árbol y sentirse sensibilizado: es una cosa que no se mueve, que casi no produce calor, que no tiene sistema nervioso central y carece de ojos. Los protegemos porque cumplen una función importante en nuestro ecosistema, aunque muy pocos consideran que pueden sentir. Pero, inclusos los que piensan que los árboles pueden sentir se comen el pepinillo y condimentan la pasta con orégano.

¿Qué se debe concluir, que debemos morirnos de hambre para no tomar vida alguna de los seres? Algún idiota podría afirmar ahora que entonces debemos convertirnos en frugívoros, comer sólo frutas. Al fin y al cabo los árboles las producen para ser comidas por animales, y de esa manera propagar sus semillas en las heces.

Este es un punto importante. No estoy queriendo decir que no haya razones para ser vegetariano, de hecho las hay. El vegetarianismo es una forma, acomodada, bastante inútil creería yo, de protesta contra la crueldad de los hombres contra cierto tipo de organismos que, en nuestra jerárquica ontología de seres, tienen una posición privilegiada: como vacas, peces, cerdos y pollos. 

En términos biológicos y espirituales comerse un ajo es para mi algo igual de terrible que saborear un filet mignon a la pimienta. Porque lo realmente terrible no es comerse una vaca o un ajo, sino lo que hay detrás de ello: detrás de la vaca las granjas genocidas de animales, detrás del ajo: la agricultura masiva moderna industrializada.

Si de salvar especies se trata no hago mucho si dejo de comer carne. El daño de la agricultura es mayor, con ella no sólo se extinguen especies de plantas salvajes al volver la violenta e indomable tierra virgen en monótono terreno cultivable, sino que se destruyen los hábitats de muchas especies. Yo, particularmente, prefiero ser degollado a cuchillo, prefiero eso, a morir de hambre o contemplar mi forma de vida extinguirse poco a poco, como una vela metida en un cuarto sin oxígeno, como está pasando con las abejas.

Me permito recordar sucios detalles: antes de la agricultura (que aparece hace 9.000 años más o menos, en una etapa ya tardía de nuestra evolución cultural) el hombre era, muy al principio, carroñero. El comer altas dosis de proteína de carne fue lo que nos permitió desarrollar nuestro cerebro, ser inteligentes y vanagloriarnos de nuestra consciencia. Luego pudimos cazar y aumentar los niveles de alimento disponibles, pero nuestra vida estaba condicionada por el medio de vida del cazador, y por los recursos que teníamos. Que no se entienda tampoco que hago apología de la carne, sólo menciono que antes de la agricultura los seres humanos no tenían los medios para formar las grandes aglomeraciones chancróticas que fueron las grandes civilizaciones antiguas, lo que más adelante se transformará en imperio romano, cultura medieval, y por último, la ciudad, la cima del culo civilizado del mundo moderno que copula sin descansar con el pene torcido de la industrialización. Todo esto fue posible gracias a la maldita agricultura.

Gracias a ella, la agricultura, el Homo Sapiens empieza a consumir grandes cantidades de alimento sin fin. El Homo Sapiens ya no debe cazar su alimento, no tiene que luchar por el alimento, ni vencerlo en su terreno a punta de lanza, fuego y a veces su propia sangre. El Homo Sapiens puede ahora consumir grandes cantidades de ricos carbohidratos impensables para el carroñero o el cazador, engorda, se reproduce en legión, se vuelve sedentario, cómodo, se vanagloria de su comodidad, se empieza a considerar superior... El Homo Sapiens puede ahora conservar el alimento en graneros, lo que no pasaba antes porque la carne se pudre con rapidez. Llegan las grandes acumulaciones de humanos alrededor de las tierras cultivables. El Homo Sapiens contempla al mundo ahora poco a poco transformándose a su imagen y semejanza. en efecto, la agricultura nos obliga a encontrar formas de control de la tierra, sistemas de riego, desvío de ríos, presas, ella fue la puerta a la dominación de lo natural, ¿será que mi punto es ya comprendido? …. El descubrimiento de la capacidad para modificar el entorno nos permite crear también tierras de pastoreo, y someter por fin al animal transformándolo en ganado... 

Dios mío, temo que no podamos deshacernos del Hombre porque no hemos podido suprimir la Agricultura.

El problema no está en lo que comemos. El problema está en que somos un montón, y además somos un montón de acomodados que, desde el punto de vista de la naturaleza, no ha tenido que luchar por el pan que llega a su boca. Mientras seamos tantos habrá que que alimentar a demasiadas bocas, y mientras sea así, existirán mataderos, granjas y áridas zonas de cultivo que deberían ser todas maldecidas.

Yo, por mi parte, desearía que la humanidad volviera a ese estado salvaje de población reducida donde debía cazar a muerte para vivir y donde sólo necesitaba recolectar los frutos que encontraba. En un mundo salvaje ideal las vacas serían salvajes. Si renunciamos a la agricultura no podríamos someter al ganado, habría que cazarlo a la mala. 

Si alguien me dice que precisamente por ser más evolucionados biológica y espiritualmente que los demás animales estamos en capacidad de desligarnos o por lo menos alejarnos de esa cadena horrible y maravillosa de intercambios de vida/muerte naturales, si alguien me dice eso, yo le diría con toda sinceridad que se dedique a otra cosa más fácil que pensar... ¡Ja!, hombres como "animales civilizados racionales, bondadosos y conscientes": es tan ridículo que ni ganas de reírse dan. Curioso que se mencione esa razón sin darse cuenta que al emitirla ya se pone al ser humano por encima del resto de las criaturas vivas.

Por eso es que lo de ser frugívoros es una tontería. Igual para alimentar a todas esas bocas nuestras con frutas sería necesario destruir ecosistemas por bultos, más rápido que lo que se degüellan pollos. Por eso es que el vegetarianismo es un simple modo de protesta. No defendemos mucho al medio ambiente siendo vegetarianos, sólo protestamos contra la crueldad, y esa es una protesta ingenua, boba, servil, cómoda. 

Si nuestra sociedad torturara niños para cocinarlos, comerlos y comercializar su piel. Habrían algunos que se limitarían a no comer carne de niño y a no vestirse con niño, y habría algunos más activistas que pegarían carteles, pintarían paredes con tonterías, y dirían después que ellos hacen parte de la solución y se jactarían con vanagloria de que ellos no comen niños porque qué crueldad con los niños, por último nos invitarían a todos a ser como ellos. Que puedo decir, los seres humanos somos todos, sin excepción, unos malparidos.

Es cierto que no todos los activistas son así. Las acciones de muchos han contribuido al cierre de granjas homicidas de pollos, por ejemplo. Algo muy loable, pero igual de inútil. Porque el asunto es la demanda: cierras una granja y abren otra, o la demanda de la que cerró la suple otra granja donde más gallinas serán descuartizadas y más huevos serán criados y más pollos serán mutilados por el pico para satisfacer esa demanda. Salvar a un ser para que otro ser sufra es algo, sino moralmente erróneo, bastante discutible desde el punto de vista pragmático: como arroparse la cabeza con la sábana para protegerse del frío, pero al jalarla destaparse los pies.

Hagamos de cuenta que nos concentramos en la demanda entonces, en la gente. Hagamos de cuenta que la utopía vegetariana se cumple y logramos convertir al vegetarianismo a todas las personas de un país. Listo, eso es mucho porque varias granjas de pollos desaparecerían y no serían reemplazadas. Pero la gente debe alimentarse (igual que los animales liberados), y allí entra la agricultura. Hemos acabado con una dimensión del problema, pero no con el problema, no con su fuente. Al problema le salen nuevas cabezas cada vez que cortamos con complacencia una. Suprimimos la crueldad frente a una especie, pero por el otro lado seguimos destruyendo el medioambiente con los métodos homicidas y genocidas de la agricultura, muchas especies morirán como ya lo hacen otras. 

De nuevo, la fuente turbia del problema: somos un montón. 

Al que diga que las tierras de pastoreo desaparecerán y que eso ya es un bien para el planeta, le diría que para mi que esas tierras se utilizarán para suplir el aumento de la demanda de productos esenciales para la dieta vegetariana, como la soja, por dar un polémico ejemplo (sólo un ejemplo porque hay que hacer la cuenta de todos los productos cuya demanda aumentaría). Ahora utilizamos la soja para alimentar pollos, mañana para alimentar nuestra demanda y nuestra sobrepoblación en crecimiento, incluyendo la animal. Porque además, ¿las vacas que vas a liberar, las vas a matar para que no pastoreen ellas mismas y se reproduzcan sin control? 

¿Vamos a dejar que las miles de millones de vacas que existen en granjas ahora mueran de hambre después de liberadas? ¿Vamos a alimentarlas? ¿Vamos a proveerles de tierras de pastoreo para que se reproduzcan? Tendremos que sembrar soja en otro lado entonces, además de la que ya usamos para pagar nuestra deuda histórica con la especie bovina alimentándola.

El hecho horrible y esencial de nuevo es que somos montón y alimentarnos con sólo vegetales no va a acabar con eso, por mucho que digamos que podemos aminorar el daño. Podría mencionar eternos problemas medioambientales y manifestaciones humanas de crueldad que parten de ese hecho (de ser legión) y que no se encuentran relacionados con lo que nos metemos a la boca. La Hidra se niega a morir.

¿Qué se propone entonces? ¿Qué debemos hacer? Yo no propongo nada ni muestro ninguna solución. Creer que lo que hacemos sirve para algo, a secas, sin autocrítica o reflexión, es para mi sospechosamente conveniente. Ideológico. Por mi parte sólo logro convencerme que no hay que hacer nada. No hay que moverse para nada. Todo lo que hacemos esta mal, y si no esta mal, bien podría tener un efecto contrario al que deseamos. El nivel de crueldad humano en este mundo puede repartirse mejor, disiparse hasta que los propios ojos humanos no lo reconozcan, pero no deja de ser el mismo (como la energía). No dejará de ser el mismo hasta que dejemos de ser tantos como somos. Aunque sería bonito, tampoco propongo que nos matemos unos a otros para disminuir nuestra población, tengo mis propias razones.

Mi posición es una posición difícil, que se autoanula, se autosuprime. Pero cuando se autosuprime me contemplo aislado en mi desnudez de humano: sin argumentos, vivo, cruel, destructor de mundos, como todo el resto de los organismos de este planeta, como todos los demás humanos y sin remedio. Acusados por una visión demasiada bondadosa y complaciente que tiene el ser humano de sí mismo, movidos por una visión que promueve la compasión, el humanismo y la razón como valores civilizados humanos, somos incapaces de vernos a nosotros mismos en nuestra humildad: pertenecientes a un todo, a un proceso que no nos pertenece y al que queremos dominar con cualquier herramienta, incluso la bondad. Cuando la vida por el otro lado es injusta, cruel, desastrada y violenta: en pocas palabras, hermosa.

Felizmente mi posición es también inútil, existencialista, parcial, autofágica, incoherente, estrecha e injusta. Mi posición en últimas es sólo mía y no pretendo que nadie la asuma como suya. Ese pesimismo que profeso, sin embargo, oculta una posición espiritual y religiosa positiva: la acción es el refugio de las inteligencias asustadas, fruto de una creencia excesiva en la estabilidad de las cosas. Tengo fe en que esta mierda mamífera caerá sola cuando menos lo pensemos.

PD (unos años después): hace poco escribí algo que, aunque revisa algunas posiciones sostenidas en este escrito, mantiene las mismas ideas y conclusiones. Lo comparto con ustedes:

Hoy se celebra el día del no consumo de carne. Día que es aprovechado por los vegetarianos y las organizaciones animalistas para propagar su revolución alimenticia. La idea es prescindir del consumo de carne y transformar nuestra dieta en vegetariana. Aunque no soy vegetariano simpatizo con este tipo de grupos hasta cierto punto. Creo que efectivamente una dieta vegetariana global ayudaría muchísimo a disminuir la crueldad hacia millones de vivientes que a diario son sacrificados para proveernos de músculos y vísceras para nuestro consumo. Sin embargo, creo que es importante también despojarnos del mito de la limpia conciencia ecológica y ética que muchos pretenden tener sólo por ser vegetarianos. Porque si bien una dieta vegetariana es deseable, no por eso es la solución real y definitiva a la brutalidad humana que tiene orígenes mucho más diversos y terribles. Una muestra de ello es precisamente la agricultura, que es la base de la dieta vegetariana. No es un misterio el daño ecológico que la agricultura a gran escala ocasiona: la tala de bosques, la remodelación de los ecosistemas naturales para abastecer de agua a la producción, la salinización y la erosión del suelo, el impacto negativo de los fertilizantes en la tierra, el aumento del CO2 causado por la maquinaria de la industria, los plaguicidas… Mucho más importante para evaluar la viabilidad ética de la agricultura a gran escala es lo siguiente: todos los elementos antes mencionados, tala de bosques, etc, son causa de la eliminación virtual de la faz del planeta de cientos de especies animales y vegetales. Las mismas especies cultivadas sufren de una violencia atroz al suprimirse su biodiversidad, pocos saben por ejemplo, que el 90% de los bananos que se consumen son meros clones de una sola planta, de una sola cepa, la biodiversidad de la especie fue suprimida para favorecer la efectividad del cultivo y el control sobre éste. Que cambiemos nuestra dieta por vegetariana claramente disminuiría el impacto negativo de la agricultura, ya que dejaríamos de alimentar animales para nuestro consumo, y nos alimentaríamos directamente de la fuente energética producida por la base de la pirámide alimenticia. Pero el daño no se reduciría en un porcentaje significativo, porque el problema de fondo son los más de 7.000 millones de seres humanos cuyo número sigue aumentando diariamente en proporciones ridículas y notoriamente irracionales. Es deseable, por supuesto, una disminución del impacto al cambiar nuestra dieta. Pero pensar que suprimir la dieta carnívora por una vegetariana resuelve el problema de fondo, pensar que el planeta puede seguir manteniendo tantos organismos humanos sin perjuicio para el resto de las especies, comamos lo que comamos, es muestra de una carencia de pensamiento que realmente causa pavor. No puedo dejar de insistir en la cantidad de animales y plantas que mueren anualmente porque sus ecosistemas: bosques, pantanos, praderas, son usados para la agricultura. Las evidencias y los datos están allí, sólo hay que detenerse a buscarlos: cuántas hectáreas de bosques, por dar un ejemplo, son destruidos anualmente para proveer de tierra a la agricultura. Tampoco puedo dejar de pensar que la violencia que se ejerce contra estos insectos, pequeños mamíferos, arácnidos, reptiles, hongos y plantas, abandonados a la muerte por causa de la desaparición de sus hogares, incluso ellos mismos quemados vivos al ser destruidos los bosques donde habitan, no puedo dejar de pensar, decía, que esa violencia es igual de espantosa que la que se ejerce contra pollos y vacas en las granjas de cría y en los mataderos. Tal vez es una violencia más silenciosa, menos evidente, pero no por eso menos brutal. Es cierto que los avances científicos han disminuido el impacto de la agricultura moderna industrializada, pero no por eso han detenido el proceso que tiene como base, de nuevo, un aumento poblacional que desafía nuestra propia autocomprensión como seres racionales. Diariamente millones de seres vivientes son sacrificados para garantizar nuestros estilos de vida, y no sólo me refiero a la agricultura, sino a una gran diversidad de productos químicos naturales que son procesados para satisfacer la industria moderna. La industria del carbón y del petróleo, por dar sólo el ejemplo más vívido, cobra sus muertos, vegetales y animales. Y esta industria es sólo la punta de un negro iceberg de oscura muerte. Nuestros propios asentamientos artificiales (las ciudades) han sido y serán la causa de la muerte de millones de seres vivos no humanos. Para nadie es un secreto la cantidad de especies que se han extinguido a lo largo de nuestra historia, y por nuestra culpa. De tal forma que para algunos incluso estamos viviendo ya una nueva gran extinción masiva de especies, especies que mueren abandonadas en el “mundo humano”. Una extinción masiva esta vez provocada por la especie dominante del planeta, acontecimiento único en la historia de cientos de millones de años de la evolución de la vida en la tierra. Si debemos pensar radicalmente, si de verdad estamos interesados éticamente en la compañía de los millones de seres vivientes que junto a nosotros habitan este mundo, la verdadera revolución no está en los platos de comida sino, permítanme la expresión vulgar, en los catres. La urgente exigencia mínima es disminuir, sino suprimir, el aumento demográfico. La exigencia real sería no sólo suprimirlo, sino invertir el proceso. ¿Quién se atrevería a contemplar la posibilidad de una política global, radical, sistemática, estricta, y autoritaria, una verdadera revolución violenta contra nuestra propia especie que disminuya nuestro número, de más de 7.000 millones, a por ejemplo, unos estables 800 millones? ¿Quiénes están realmente dispuestos a, en cierto sentido, “sacrificarnos a nosotros mismos” para permitirle una vida próspera a los demás vivientes? Permítanme, ahora sí, un poco de irónico y silencioso escepticismo...

Carta Abierta al Papa Benedicto XVI


Ilustrísimo y Benedictísimo Papa Benedicto XVI

Ciudad del Vaticano, Casa de Pedro.



Saludes Santísimo. Como representante de Dios en la tierra, heredero de Pedro y máxima autoridad de la Sagrada Iglesia Cristiana Católica te dirijo esta carta.

Con mucha sorpresa he escuchado en los noticieros la noticia según la cual existen ahora nuevos pecados. Qué puedo decir…. Mi querido Benedicto XVI, cuando me enteré de la buena nueva, no pude dejar de carcajearme por un buen rato, sobre todo al conocer de qué pecados se trataba. Te pido excusas si he malinterpretado mal la poca información que he podido recopilar sobre el tópico que me ocupa, y estoy dispuesto a rectificar cualquier información que no se atenga a tu Santa Verdad.

El encargado del Penitenciario Apostólico, el obispo Gianfranco Girotti, en una entrevista afirmó que los pecados no son sólo individuales sino también sociales y a partir de esto habría que introducir una nueva lista de pecados. Tú te apresuraste a decir que esta nueva lista no agrega nada nuevo a los pecados existentes, que la idea propiamente dicha de nuevos pecados no es una versión oficial, y que estos pecados son ya bien viejos pues aparecen en Homilias de hace 100 años que sólo tu y tus colaboradores conocen. Pero la difusión mediática lo ha interpretado de otra manera y ya el daño es irreparable, creo yo (a fin de cuentas, muy pocos le hacen caso a lo que dice la Curia Romana, a menos que sea algo risible). De hecho, aunque muchos de los nuevos pecados pueden verse como interpretaciones de algunos viejos (como la vieja avaricia), los nuevos pecados efectivamente parecen nuevos pecados, si uno los compara con los clásicos no matarás, no mentirás, no comerás en exceso y no envidiarás al prójimo (sobre todo su mujer… qué machista no? O muy feminista podemos decir, pues la mujer estaría libre de desear el macho de su vecina. O muy machista, pues se asume que las “perras" de las mujeres siempre están dispuestas a venderse gratis y jadeantes al mejor postor, y por tanto las tablas de la ley sólo se ocupan de salvar en especial el alma de los hombres. Mi amado Benedicto XVI, aquí en paréntesis, ¿me podrías ayudar a interpretar este mandamiento?).

Bueno, hago entonces una lista de estos “nuevos” pecados que no son tan nuevos, y me perdonarás que tendenciosamente desde ahora asuma que estas estupideces son ideas tuyas.

  • Es pecado cualquier investigación que altere la genética de los organismos incluyendo la producción de células madres, embriones in vitro y la clonación.
  • Es pecado cualquier acción llevada a cabo con fines anticonceptivos.
  • Es pecado drogarse, pero también la producción y comercialización de la droga.
  • Es pecado cualquier acción humana que atente contra el medio ambiente.
  • Es pecado cualquier acción humana que tenga como objetivo la acumulación excesiva de riquezas.
  • Es pecado cualquier acción humana que tienda a aumentar la fractura social entre ricos y pobres.

Vaya que lista. Primero que todo podría señalar la ambigüedad de los dos últimos pecados. ¿Quien establece los criterios para determinar si una acción humana entra a tipificarse como acumulación excesiva de riquezas? La abuelita que guarda neuróticamente sus billetes bajo el colchón (muchas veces bastante plata tienen las abuelitas) ¿debe ser achicharrada en el infierno?. ¿Los banqueros merecen la tortura eterna?, ¿y los cajeros de banco y las secretarias que indirectamente contribuyen con la labor de los banqueros?. ¿Son todos los accionistas de la Coca cola unos impíos miserables que deben ser ajusticiados por toda la eternidad?, ¿lo es el dueño de la panadería que acumula riquezas mientras sus trabajadores reciben un sueldo irrisorio?. ¿Deben ser atrincheradas, empaladas, desintestinadas y torturadas las almas de todas estas personas, quien establece los criterios para distinguir quien si y quien no?. ¿Tiene el cielo tribunales para decidir los casos difíciles, puedo escoger mi abogado (me apunto con mi amigo D. M. si hay que escogerlo en vida)?.

Obviamente esto mismo vale para los otros pecados…. Mi señor Benedicto XVI, tengo un amigo adicto a la cafeína, una droga altamente adictiva y desestabilizadora de la psique cuando se consume en altas cantidades, ¿se pudrirá él en el infierno mientras demonios roen su cráneo infestado de mohos?. Tengo otro amigo que de fumar 30 cigarrillos diarios, pero con voluntad férrea ahora sólo fuma 8, ¿se encuentra acaso más cerca del Santo Reino del Creador?. Tengo otro que bota papelitos a la calle, y otro que utiliza todavía bombillas incandescentes, muchas veces yo mismo dejo el cargador del celular conectado por horas y derrocho agua mientras me baño, nunca he desarrollado en mi casa un sistema de reciclaje serio…. ¿me sacarán los ojos súcubos malignos con el fin de que íncubos enfermos me violen penetrándome por mis vacías cuencas oculares?. ¿Es el cuerpo del tendero que vende cigarrillos sin filtro el próximo podrido altar de carne donde Satán posará su oloroso trasero?. Por no hablar de los pecados clásicos: mi hermana el otro día se comió 5 arepas de huevo inmensas de una sola sentada, y al parecer no es la primera vez que hace algo tan sorprendente, ¿es eso gula?... ¿En el infierno le sacarán por los poros de la piel todo lo que se comió en vida?.

Estas preguntas mi ex Cardenal, son legítimas y de verdad arrullan mi corazón con angustias e indecisiones sobre mi vida y la de mis conocidos más queridos. Sin embargo, no quiero discutir que, en el fondo, los criterios de Dios y sus caminos son inescrutables, y que sólo él sabrá. Sólo me pregunto esas cosas porque, bueno, sería agradable tener claras las reglas del juego desde el principio. De hecho, creo que haces mal inventándote pecados en el camino cuando estamos en la historia ya cercanos a la segunda llegada de Cristo, según lo que las señales de Su Palabra nos sugieren (que por allí incluso otras fuentes afirman que tu eres el último Papa, Dios te tenga en Su Gloria).

Pero el objetivo de esta carta no es expresarte mis legitimas inquietudes sobre los temas antes mencionados sino mostrarte, y tu me perdonarás la sinceridad, lo idiota, servil, ridícula, descarada y patética que es la idea de esos nuevos pecados, muy en especial el pecado Nro 4 de la lista: Es pecado cualquier acción humana que atente contra el medio ambiente. Este es un claro ejemplo, mi querido y respetado Benedicto XVI, de la mezcla de hipocresía y bobería que ha sido a lo largo de la historia la Institución religiosa que tu representas ahora. Es la más severa idiotez que he escuchado el que la iglesia católica mencione esto como un pecado. Pues ha sido la religión católica precisamente una de las principales protagonistas y facilitadoras de la degradación, manipulación y destrucción que el hombre occidental ha ejercido sobre la naturaleza.

¿Que ha sido la naturaleza para la iglesia católica?... Según la interpretación tradicional, y espero que me perdones recordarte lo que ya debes saber, Dios creó la naturaleza, y creó al hombre como una parte esencial de la naturaleza. Dios es un espíritu de lo más elevado, lo demás es simple creatura. Allí encontramos una primera jerarquía que coloca a la naturaleza en un lugar secundario. Pues, aunque Dios se manifiesta en la naturaleza, Dios no esta en la naturaleza. Él es una realidad superior que es causa de sí misma.

Así, en esa realidad jerárquica, la naturaleza tiene el lugar más bajo, pues el hombre es la culminación, la Corona de la Creación entera. En términos prácticos ha sido rebajada ella a ser como un libro ambiguo, simple medio donde Dios se manifiesta. Pero como también tenemos la Biblia, La Palabra misma de Dios, ¿para que necesita el hombre otro libro que le hable de lo mismo?. De hecho, ¿cuantos árboles han sido talados para hacer Biblias, uno de los libros más impresos y vendidos del planeta? Pues allí vemos qué libro ha resultado más significativo.

Es cierto además que el hombre es más importante que el resto de la naturaleza. El ser humano entonces no sólo es la corona de la creación, sino que tiene un lugar muy especial en ella. "Entonces dijo Dios: 'Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra'”. No es sólo entonces que la naturaleza sea un simple medio de la manifestación de Dios sino que, mucho peor, es un mero instrumento de la virtualmente omnipotente potestad humana. Entonces, Dios le dio el derecho al hombre de utilizar a la naturaleza según sus humanas y mamíferas necesidades. En síntesis, al hombre se le dio el permiso de volver mierda la naturaleza.

Fíjate en esto, el hombre fue creado a imagen y semejanza divina, se le dio el hálito divino directamente de la boca de Dios, a los animales no. Y como ya te he recordado, a nosotros se nos dió el dominio sobre los animales, y cuando todo el plan de la creación se subordina a la salvación del hombre, ¿que jodas importa unos cuantos animalitos extinguidos, mi respetado Benedicto XVI? Sospecho que todo el run run run sobre los pecados medioambientales sólo se produce ahora, cuando la propia existencia del hombre esta involucrada… En pocas palabras, volvimos mierda la naturaleza, y ahora que nos vemos untados con ella, empezamos a querer ponerle orden a la porqueriza que hicimos.

Ni decir que el reino de Dios no es de este mundo, que todo lo corporal, todo lo material ha sido sistemáticamente satanizado desde el comienzo de la institución que tu, mi bienquisito Benedicto XVI, representas. Ahora empieza a importar la carne y la vida natural? Desde cuando?.

Que acto de hipocresía el que ahora salgas con esas, sobre todo por la incongruencia de toda la doctrina católica y cristiana en conjunto. Por lo menos pudieran disculparse y empezar a modificar ciertas creencias doctrinales. Así como se han mostrado bastante indecisos y relativistas con otros asuntos como la existencia, estado y naturaleza del infierno, uno podría esperar un replanteamiento de esa jerarquía Dios, Hombre, Naturaleza (yo propongo que pongamos a la naturaleza de primero, que admitamos por fin que ella y el otro son una sola y misma cosa y que nos olvidemos del que sobra).

Tu, mi honrado Benedicto XVI, pareces medio idiota intentando tapar con un pie el desastre global que la cristiandad que lideras ayudó a provocar calladamente. Por obra u omisión… por tu gran culpa. Pero no me malinterpretes, esto no es un ultraje contra tu persona, mi Benemérito Benedicto XVI, sé que no eres directamente culpable de estas cosas, pero como representante de Dios en la tierra cargas con el peso del pasado de tu Institución, y es hora que lo vayas admitiendo.

Tu dirás que es un cambio lo que se ha hecho, que esto muestra un interés de la iglesia por abrirle los brazos (¿las piernas?) al mundo de hoy. Tal vez, pero eso no los absuelve.

A mi lo que realmente me sorprende es que te las quieras dar ahora de pensador de vanguardia, con esa cara de vampiro senil que tienes, cuando no eres capaz de aceptar cuestiones tan sencillas como los preservativos. Este tema en especial me preocupa mucho, tal vez tu me puedas ayudar a entender.

Lo que yo percibo en mi ignorancia es que tu desconocimiento de la naturaleza humana es lamentable, ¿acaso realmente crees que la gente va a dejar de aparearse como los animales que son sólo para evitar tener hijos y de esa manera cumplir con la palabra divina sobre la rectitud de la cópula y contribuir además con la salud del planeta evitando reproducirse como conejos?. Porque es que parece que se te olvida que la sobrepoblación humana del planeta es el principal enemigo del medioambiente. Tu, de verdad, me sorprendes mi biennacido Ex Cardenal Ratzinger. Hay que ser bien cretino para ser tan bobo. Si de verdad te interesa la tierra y su salud, empieza a permitir cosas como los preservativos, y hasta los abortos en ciertos casos yo lo pensaría. A fin de cuentas ya nadie le hace caso a Roma con respecto a esos asuntos.

Cosas como esas de los preservativos son las que hacen que la gente vea la Iglesia ahora no tanto como una institución religiosa seria, sino como un club social para desocupados de alcurnia, o como un escapadero para enfermos mentales más o menos funcionales. Recuerda por favor las dos estupideces más que han sido elaboradas por tus teólogos más serios, mejor pagados y estudiados del vaticano. La lista de pecados informáticos, y las recomendaciones para el cristiano al volante. Si puedes encontrar, mi Benedicto XVI, una cosa más ridícula que esas dos, juro que voy a besarte los santos pies hasta pelarte con mis besos los huesitos. Una pregunta: ¿Cuánto dinero se gastaron en reuniones para establecer tan imbéciles e innecesarias conclusiones?...

En conclusión, que los pecados que aparecen en esa lista sean nuevos o no, es lo de menos. La equivocación, la hipocresía y la ridiculez son más más profundas...

Yo no sé por qué tengo la impresión que la iglesia Católica ya no es sino un fósil inútil que se autoperpetúa sobre sí mismo en una vacuidad sin sentido. Ustedes Hombre de Fe, encerrados en mundos aparte donde, sobre todo en Roma, todo es a un precio más fácil y todo es hermoso. Donde la única realidad es la que ustedes definen, donde creen que enviar una que otra vez a un cura joven, bueno e idealista a pasar necesidades en el tercermundo es suficiente para cumplir con su santa labor en la tierra... Partida de parásitos.

Te diré una cosa, si es pecado enriquecerse demasiado, propongo que la iglesia católica se despoje de todas sus riquezas para alimentar a los niños que mueren de hambre a diario en África y Asia. Te sugiero que vendas tus vestidos de sastre y bordados de oro y que viajes a entregarles tu mismo ropa y alimento a esos niños, y que toda la iglesia haga lo mismo. Que los curas vendan sus camionetas y regalen a los pobres el dinero. Que los cardenales cojan sus anillos, los vendan y que tomen el dinero resultante y lo donen a greenpeace, por dar un ejemplo. Si hacen esto, te juro por la sangre de Cristo que me arrepiento de todo lo que he dicho aquí, y me vuelvo católico cristiano, y me pongo a tu servicio; así sea de mono servidor para coserte los harapos y rascarte las canas pulgosas en las polvaredas africanas.

Siempre tuyo, muy humildemente se despide, tu futuro servidor.

Enviado directamente al Vaticano el Domingo 16 de Marzo al Correo:
benedictoxvi@vatican.va


Hace una semana escuché la noticia más grotesca de inicios de siglo…


La energía ni se crea, ni se destruye. Cualquier idiota promedio sabe esto. Lo que no sabe cualquier idiota promedio es que la energía, aunque se movilice y muta, al final se degrada y se dispersa. Esto vale para cualquier sistema físico concebible hasta donde el hombre conoce. En efecto, la segunda ley de la termodinámica afirma que un sistema cerrado siempre avanzará hacia grados de degradación energética. Esto quiere decir que las estructuras organizadas, como la vida, se desorganizarán, y la muerte será el triste final de todo. Así también, y por las mismas razones, el calor acumulado se disipa y toda cosa al final termina tan fría como su cosa vecina (y no es una metáfora ni un juego de palabras). El infierno es frío señores y señoritas: no se dejen engañar por las avivaciones contemporáneas de las ridículas metáforas medievales. Esto de la degradación incluye obviamente la tierra. Pero, la tierra, que parece un sistema cerrado, tiene su secreto para remontarse por encima de ese fatídico destino: el sol. El sol calienta la tierra, introduce energía nueva en ella. Eso mantiene el ciclo de la energía del planeta en movimiento y, por tanto, las estructuras organizadas de la tierra permanecen en el tiempo y pueden aumentar o reproducir sus niveles de orden. Obviamente que el sol se degrada, y el sol no tiene su respectiva fuente de energía que lo sustente, eso creemos. Así que cuando el sol se degrade pues… “apague y vámonos” (literalmente). Pero eso no le preocupa a nadie todavía.

El sol es importante, calienta el agua marina y la evapora, ella cae en lluvia en las montañas y es arrastrada por ríos de nuevo hasta el mar (el famoso ciclo hidrológico). Pero, tal vez el más importante ciclo que mueve el sol es el ciclo de la vida. Su protagonista es la clorofila de las plantas. No recuerdo que poeta afirmo que una brizna de hierba era solo el producto de un día de trabajo del sol, tal verso expresa de manera explicita un hecho biológico desnudo. Nosotros somos sol, toda la biomasa de la tierra es salvo pequeñas excepciones, directa o indirectamente, energía solar hecha carne.

El hombre tiene también sus fuentes de energía propias. El petróleo es en este momento el más preciado de los combustibles, casi toda (sino toda) la economía energética del mamífero humano terrestre gira en torno a este líquido negro viscoso. Si pensáramos con claridad en lo dependiente que somos de este recurso caeríamos en una desesperación histérico-paranoide no comparable con ningún suceso de nuestra larga-corta historia. Pero el petróleo no es más que energía que surge de la antigua biomasa terrestre muerta y fosilizada. Es decir que nuestros patéticos aviones y ridículos vehículos se mueven a fin de cuentas por la transformación que los organismos biológicos le han dado a la energía solar.

Podría pensarse que con toda su inteligencia el hombre encontraría las vías tecnológicas para adquirir directamente la energía de su fuente, pero no. Lo que esta haciendo no es reducir los intermediarios biológicos, sino esclavizar más a fondo esos intermediarios que ya manipula. En efecto, resulta que hace pocos días me enteré de esta noticia: “Hoy se puede considerar un día Histórico, en que un Boeing 747, de Virgin Atlantic Airlines hizo un vuelo experimental por primera vez usando Bio-Combustible. El vuelo fue todo un éxito. Esto es un gran paso adelante para cortar la dependencia de fósil-combustibles, en que tanto dependen los países industrializados”. El biocombustible utilizado en el vuelo se compone de una mezcla de aceite de coco y de nueces de babassu provenientes al parecer del Brasil.

Esta es, señores y señoritas lectoras, la noticia más grotesca de este siglo. El agrado con que algunos han recibido la noticia es la cosa más estúpida, imbécil, idiota, tonta, asna, bucéfala, cretina y cenutria que he experimentado, y me ha causado los cólicos y dolores de cabeza más horribles de este siglo. Me doy asco al pensar que pertenezco a la misma especie que los pervertidos responsables de provocar, alentar y defender este tipo de “avances” de la “civilización”.

Hay que ser bien borrico para no darse cuenta de las consecuencias de este tipo de eventos. Que por favor no se me acuse de estar preocupado porque la producción en masa de estas plantas le despoje de tierras preciosas a la agricultura con fines alimenticios. Tampoco porque los que sufrirán de hambre serán los países no industrializados como los de Suramérica y que además serán explotados en una vorágine de dependencia económica que, entre otras cosas, nunca ha dejado de existir. No, esto no me preocupa. Si existen seres humanos que bien harían en desaparecer de la faz del planeta con rapidez serían los de estos países tercermundistas. No me preocupa que muramos de hambre. Mal haríamos en volvernos ejemplos de la cima de la civilización occidental y que destruyéramos lo poco bello que ya le queda a estas inhóspitas tierras. Lo más noble que podríamos hacer, como latinoamericanos, seria autoaniquilarnos (tal vez en un programa donde nos suicidemos felices frente a las cámaras, estilo Happy Tree Friends) y dejar que los bosques reinaran otra vez en el nuevo mundo. Eso sería deseable, sino fuera porque obviamente el resto de los fantoches mamíferos humanos del planeta se apoderarían de estas tierras (de nuevo). Entonces, si no me interesan las consecuencias económicas, sociales y políticas de esta noticia, ¿entonces, que?.

En el ciclo de la vida la energía del sol se transforma en biomasa, y la biomasa vegetal se transforma de múltiples maneras, de tal forma que toda la diversidad de la biomasa vegetal y animal del planeta proviene de una única fuente. Pero en la medida en que la biomasa terrestre es utilizada en una sola dirección ocurrirán varios fenómenos desastrosos:

1) Si se cultivan un sinnúmero de tierras los nichos ecológicos de miles de especies se verán reducidos. No hablo sólo de las selvas sino de todas las especies de bichitos, serpientitas y cositas que crecen en millares de árboles diferentes al árbol de coco o la palma de azúcar y que no están adaptados para vivir en ellos. Cadenas alimenticias enteras caerían como castillos de naipes.

2) En el ciclo natural de la vida la biomasa se transforma en más biomasa altamente organizada, y el nivel de entropía de esa compleja y delicada energía se mantiene bajo. Pero el uso combustible de esa biomasa la transforma en la más degradada forma de energía conocida: el calor.

Las consecuencias de estos dos hechos son fácilmente describibles.

Puede que los defensores de este tipo de energía la defiendan por ser “ecológica” (incluso se habla ahora en Europa de aerolíneas “verdes”, ja ja ja). Pero, lo cierto es que termodinámicamente estamos contaminando el planeta con niveles de entropía altos que se verán reflejados, sino en altos niveles de co2, en cualquier otra cosa imaginable igual de dañina. El solo hecho de que tanta energía se transforme en calor es de por sí terrorífico. Utilizando las palabras de un gran amigo e inmenso cerebro que afirmaba desconfiar (refiriéndose a los discos duros magnéticos y a los CDS ópticos) de una tecnología que necesitara para funcionar que algo diera vueltas, puedo yo ahora decir que desconfió de una tecnología que necesite para funcionar producir tanto calor. La producción de calor en una tecnología es algo tan primitivo como idiota. Se me dirá que esto sucede ahora como siempre ha sucedido y entonces ¿Cuál es la diferencia?. La diferencia radica que por lo menos con los combustibles fósiles esa degradación de la energía no se hacia a costa del ciclo natural de la vida actual, al fin y al cabo el carbón y el petróleo están muertos. Ahora lo que se hará sin duda será arrebatarle energía a los organismos vivos actuales para gastarla en calurosas fiestas transatlánticas de bioetanol.

Por otro lado, pues tenemos la destrucción de la biodiversidad. Espero no tener que argumentar sobre ello. tendremos en un futuro un planeta limpio de emisiones de gases pero totalmente uniforme, tedioso, repetitivo, donde los únicos seres vivos serán, con suerte, pollos, vacas y caballos. yo me emociono cuando veo una serpiente, mis hijos cuando vean un no sólo una mariapalito, por ejemplo. Odio los zoológicos, cuando veo una carpa de circo lloro, pero en un futuro los muchachos tendrán que ir a admirar a los cucarroncitos y las arañitas en zoológicos o circos. ¡¡Dios, ten piedad de nosotros y llévanos a todos, pero rápido!!.

Un proyecto en Internet nuevo en Internet: crear una enciclopedia de la vida que tendrá como objetivo diseñar una página Web por cada especie-organismo vivo del planeta. Puedo preveer que, aunque piensen lo contrario ahora, tendrán muy poco trabajo en el futuro.